Domingo 14 de Noviembre de 2010
Pasan los años y el deterioro en la cotidianidad de las niñas y niños que nacen en las periferias marginadas de la ciudad es alarmante. Chiquitos de entre 8 y 15 años que se asemejan a guerreros que luchan para sobrevivir a padres ausentes, violentos, a madres asustadas y golpeadas, a barrios con sinfonías de tiros y collage de miseria y fragilidad, a falta de educación y trabajos dignos. Allí no hay pertenencia a un mundo saludable de valores, colores, risas verdaderas y juegos armoniosos, sino ausencias y "códigos" sombríos. Llegan a la Fundación harapientos y tristes, sumidos en disfraces que les permiten sobrevivir las calles, todavía no son adolescentes y ya son madres y padres, con bronca y rechazo hacia la autoridad, y hacia la "gente bien". Como respuesta para algunos de estos "angelitos sin alas", vía judicial, Municipalidad o provincia, van a parar a diversos lugares, algunos caen al impresentable Irar, otros con un poco más de suerte a Hogares de huérfanos y algunos pocos afortunados a Instituciones especializadas. Es destacable y emocionante saber que los profesionales que trabajan en estas áreas a nivel provincial lo hacen con tanto amor y dedicación poniendo el cuerpo a diario, pero no basta. Aquí hace falta decisión política, desde arriba. Por mi lugar, y luego de trabajar en la problemática social durante 25, veo que están poniendo "curitas" a grietas enormes de miseria y abandono. Nos quedan dos caminos: o echarlos por el agujero donde cayó Alicia en el mundo maravilloso de Lewis Carroll o pensar juntos entre las ONG y las autoridades, un proyecto serio y coherente, sostenido en el tiempo. Esto es un intento más, verán que no me doy por vencido, ni aún vencido.
Osvaldo S. Marrochi
Fundación Esperanza de Vida