Jueves 05 de Septiembre de 2013
La reformulación de los espacios de salud, su reorganización para una mejor prestación, debería pensarse para satisfacer tanto a quienes trabajan allí como a quienes son los "usuarios" de esos espacios, porque supuestamente se busca un mejor funcionamiento y un mayor alcance en las prestaciones. Pero lamentablemente no siempre es así, y puede ocurrir, como en este caso, que un grupo de pacientes del Hospital de Niños Víctor J. Vilela quedan sin su propio espacio, su consultorio y su pediatra de cabecera. Durante muchos años, los niños con enfermedades crónicas estaban dispersos dentro del mismo hospital en los distintos consultorios de los muchos médicos que reciben a los cientos de niños que acuden al mismo. Atendiendo a la complejidad de estos niños en cuanto a su salud, se concretó un proyecto que contemplaba la creación de un espacio propio y exclusivo para ellos dentro del mismo hospital. Una pediatra que sería no sólo quien desde lo profesional estaría a cargo de ellos y de sus historias clínicas, de las derivaciones con otros profesionales de acuerdo a las complejidades de sus patologías, sino también y fundamentalmente desde lo afectivo, no sólo para los pacientitos, sino también para las familias que en cada consulta encontraban además de la ayuda médica, el apoyo, la contención y el sostén necesario para afrontar cada situación que se presentaba con sus hijos. Hoy por hoy, debido a una reformulación en la organización de ese consultorio, ha desaparecido. La pediatra ha sido asignada (sin consulta previa ni aviso de esta reorganización) a otras tareas dentro del área y los pacientes han sido alegremente derivados a los centros de salud de su zona atendiendo a la descentralización de la que tanto se jacta la gestión municipal. Soy mamá de un niño de 13 años, portador de una enfermedad poco frecuente, paciente del hospital desde los 11 meses de vida. Han sido múltiples las interconsultas con diferentes especialistas y muchas las veces que estuvo internado en estos años debido a su enfermedad, y no puedo más que agradecer la atención, la dedicación y el esmero de cada uno de los profesionales que han estado atendiéndolo. Pero en este momento me siento decepcionada y triste. Siento que el sistema le pasó por arriba, a él y a los otros que como él han quedado sin este servicio, que no se los tuvo en cuenta, que no se pensó en ellos, ni en su necesidad. Algunos de los papás acudieron a la dirección del hospital, sin éxito en el reclamo. En el mejor de los casos, de manera directa le sacaron un turno con un pediatra en el centro de salud que le correspondía a su domicilio. En otros, sólo una explicación burocrática que estaba muy lejos de lo que un papá espera como respuesta, porque básicamente lo que se espera es que se respete a su hijo y que se atienda a su necesidad como se vino haciendo durante tanto tiempo. Frente a esto es que decido escribir por este medio para dejar públicamente expresada mi decepción y en algún punto mi bronca. Quiero creer que la decisión de cerrar el consultorio de pacientes crónicos del Hospital de Niños V. J. Vilela puede tener su vuelta atrás, que los niños podrán seguir contando con ese lugar, con su pediatra de todos estos años, la que los conoce mejor que ninguno. Me gustaría sentir que los pacientes crónicos del hospital no son sólo números en una estadística. La respuesta y la solución está en manos de las autoridades competentes: secretario de Salud Pública, Leonardo Caruana; directora del Hospital de Niños V. J. Vilela, Stella Binelli y subdirectores, Gerardo De Vita y Velia Peralta.
Silvia Rodríguez
DNI 14.888.404