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Los narcos le balearon a sus hijos y ahora lo obligaron a irse del barrio

Ramón Ferreyra señaló que vivió con “terror” las últimas horas y lo contó telefónicamente mientras sus vecinos le hacían la mudanza a él y a sus hijos, bajo la custodia de un móvil policial.

Domingo 13 de Enero de 2013

Ramón Ferreyra juntó ayer a su esposa, siete hijos, nuera y nieto y se fue de Nuevo Alberdi, el barrio donde vivió en los últimos 21 años. No le quedó otra. El jueves, a las 20.30, dos de sus hijos fueron víctimas de una balacera descerrajada por soldaditos narcos del vecindario. Y el viernes por la tarde, cuando aun ellos estaban internados, fue amenazado en su domicilio por dos jóvenes que, tras calzarle una pistola 9 milímetros en la cabeza, se la hicieron corta y le dijeron: “Si no te vas del barrio te matamos a vos y a tu familia”. Ramón se fue con lo imprescindible y dice que ya no volverá. Sus vecinos y amigos están muy asustados y sostienen que su destierro es una “verdadera injusticia”.

   Ferreyra señaló que vivió con “terror” las últimas horas y lo contó telefónicamente mientras sus vecinos le hacían la mudanza a él y a sus hijos, bajo la custodia de un móvil policial. Se presentó como un hombre de 45 años, militante del Movimiento Evita, y como un remisero que también estuvo a cargo del comedor “Buenos vecinos” ubicado frente a su casa, donde se preparaban raciones para más de 300 chicos.

   “El jueves alrededor de las siete (las 19), cuando ya se habían ido de mi casa los compañeros del Movimiento y mis hijos seguían internados, llegaron en moto dos pibes que no conozco, de unos 25 y 30 años. Me dijeron que querían hablar conmigo, pidieron pasar a mi casa, los atendí a un costado, uno sacó un fierro, una 9 milímetros, me la apoyó en la cabeza y me pidió que llamara a Fernando (Rosúa, dirigente del Movimiento Evita), que le dijera que retirara la denuncia y que me fuera del barrio o matarían a todos: a mí y a mi familia. Lo llamé al Chino (Rosúa) y le pasé el mensaje, y anoche (por el viernes), nos fuimos todos de mi casa escoltados por la policía”, relató.

   La denuncia a la que hizo referencia Ferreyra tiene que ver con el episodio que vivieron dos de sus hijos y otro muchacho del barrio el jueves, cuando fueron blanco de un tiroteo. Un hecho que prácticamente replicó la crónica del asesinato de Mercedes Delgado, la mujer muerta en barrio Ludueña también por balas narco, el miércoles de esta semana.

   El hecho de Nuevo Alberdi ocurrió en el cruce de las calles Somoza y Luzuriaga cuando, según los vecinos, dos motos enduro y de alta cilindrada, con cuatro ocupantes, y luego un auto oscuro, cruzaron a los balazos e hirieron a Gastón Arregui, un albañil de 27 años, y a los dos hijos de Ferreyra: Ariel, de 19 años, y Carlos de 21. Hasta ayer, Gastón, a quien un tiro le perforó la mandíbula y le dejó un orificio de salida en el cuello, seguía internado en estado muy grave en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (ver aparte). En cambio, los hijos de Ferreyra, heridos en la rodilla y en la espalda respectivamente, estaban doloridos pero fuera de peligro.

Frente al búnker. El vendaval pasó por delante de un pasillo de Somoza al 2900 a pocos metros de un altar del Gauchito Gil. En el pasillo funcionaba desde hacía unos días un búnker de drogas que pertenecería a un pibe al que le dicen Ema Pimpi, presunto soldadito del narco Luis M. El quiosco era atendido por Liliana M., más conocida como La gorda Liliana, mujer que estuvo ligada al Movimiento Evita hasta que pasó a ser empleada de los narcos y que tras la balacera los vecinos echaron del lugar.

   “Los vamos a matar a todos” recordó Ferreyra que dijeron los que bajaron del auto antes de empezar a tirar. La investigación preliminar desliza que los soldaditos del búnker de Ema Pimpi habían salido antes a balear a los integrantes de la familia R., también afincada en el barrio y ligada al comercio de las drogas.

Y estos últimos, ni lerdos ni perezosos, tomaron represalias, al boleo, en Luzuriaga y Somoza. Cruce de narcos.

“Váyanse”. Ferreyra dijo ayer que antes de irse del barrio les explicó a los vecinos por qué tomaba esa decisión. “Me voy por seguridad, para tenerlos vivos a todos”, les confesó. Y según dijo, todos lo apoyaron. “Váyanse, esto no es vida”, aseguró que le dijeron.

   “Yo salí a denunciar la verdad. Lamentablemente me tengo que ir y me quedo mal por los que se quedan en el barrio. Cinco de mis hijos nacieron acá, para mí esto es muy doloroso, para mí Nuevo Alberdi es todo. Mi mujer no para de llorar, es todo muy triste. Lo importante es que la gente de acá siga unida y manteniendo el comedor”.

   —Difícil si hay tanto miedo.

   —Y sí...es difícil. La droga destruyó el barrio. Los chicos consumen desde los 9 años esa porquería, de todo consumen, desde paco a merca toda mezclada. Cuando llegué a este barrio, éramos pocos, nos conocíamos todos. Ahora es tierra de nadie. Mandan los narcos. Esto no se va a terminar fácilmente. Por más que metan presos a algunos, la venganza siempre va a estar.

 

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