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Los motivos por los cuales el verdulero Martín Santoro fue condenado a perpetua

La Justicia dio a conocer los fundamentos del fallo por los crímenes de barrio Parque. Una cadena de indicios "serios, precisos y concordantes" sustentó el tenor de la condena.

Domingo 22 de Diciembre de 2013

Una cadena de indicios "serios, precisos y concordantes" sustentó la condena a prisión perpetua que le dictaron a Martín Santoro como autor de tres asesinatos de ancianos cometidos en 2010. Dos jueces que lo juzgaron en un proceso oral y público quedaron convencidos de que todas esas pruebas indirectas —pericias, el hallazgo de cosas robadas en su casa, los dichos de personas a quienes comentó su participación en un crimen—, cerraron el círculo sobre el verdulero de barrio Parque. Y concluyeron que fue él quien ingresó a robar a los domicilios de las víctimas aprovechando una relación de confianza previa. La tercera integrante del tribunal, sin embargo, votó en disidencia al no advertir elementos que demuestren con certeza que fue Santoro el autor de los homicidios.

Los relatos, secuestros, pruebas y pericias presentados a lo largo de cinco audiencias orales convencieron a los jueces María Isabel Mas Varela y Juan José Tutau de que Santoro fue autor de tres homicidios críminis causa, es decir, cometidos para asaltar y evitar ser delatado por las víctimas. Se trata de los jubilados Concepción Lavore, Susana García y José Savini, asesinados entre febrero y mayo de 2010. En los fundamentos del fallo, que se divulgaron el viernes, detallaron caso por caso cómo advirtieron la sombra de Santoro en cada uno, en un análisis que recuperó el planteo del fiscal Esteban Franichevich en su alegato final.

Esos mismos elementos, en cambio, fueron considerados insuficientes por la tercera integrante, Roxana Bernardelli. La jueza planteó que algunos indicios, como el hecho de que Santoro llevara pedidos de verdura a las víctimas, lo deja en la misma posición que al resto de los empleados. Y que el secuestro de las cosas robadas a los ancianos en su casa y su utilitario no basta para considerarlo homicida. Para esta magistrada, "no se acreditó subjetiva ni objetivamente cuál sería el accionar del imputado" y no se detectó "una mínima certeza probatoria". Pero se impuso el criterio de la mayoría.

La convicción. El primer y más extenso voto fue el de Mas Varela, presidenta del tribunal, al que adhirió Tutau. La condena se basó en "relevantes elementos indiciarios que de manera unívoca conducen a la responsabilidad de Santoro". Se trata de indicios que considerados por separado quizás no tendrían peso. Pero que evaluados en conjunto, para los jueces, arrojan la presencia de Santoro en la escena de los tres crímenes.

El fallo resaltó denominadores comunes: en los tres domicilios estaba todo revuelto y desordenado, faltaron cosas y las cerraduras no fueron violentadas. La puerta de García estaba entrabierta, la de Lavore con llave, la de Savini cerrada sin llave. Los jueces dedujeron que las víctimas conocían al autor y remarcaron que las dos jubiladas eran clientas de la verdulería del padre de Santoro, en Francia y Riobamba, muy cercana a sus domicilios. Otro fuerte punto en común fue el hallazgo de cosas robadas a los tres ancianos en la casa de Santoro en Villa Gobernador Gálvez y en su utilitario Mercedes Benz Sprinter.

El punto de partida fue situado en una llamada anónima a la comisaría 5ª informando que habían visto entrar a Martín Santoro y a uno de sus hermanos a la casa de Susana García y preguntando por qué no estaban presos. A partir de ahí se requirieron las escuchas y el allanamiento que complicaron al verdulero de 37 años.

Golpe fatal. Para los jueces quedó demostrado con "certeza razonable" que Santoro "dio muerte" a García en su casa de Riobamba 3036 el 27 de mayo de 2010 entre las 11 y las 17, "aplicándole un golpe en la cabeza para luego atarle al cuello un cable con un nudo deslizante hacia la puerta de la cocina". Recordaron que el entonces jefe de la comisaría 5ª, Silvio Marciani, encontró en la casa una bolsa con verduras atada con el mismo nudo que un paquete de rabanitos hallado tres meses antes al descubrirse el crimen de Lavore.

"El caso García fue la punta del hilo que desenvolvió la madeja, porque permitió el esclarecimiento de los otros", dijeron Mas Varela y Tutau, además de remarcar que el celular de García estaba en poder de Santoro cuando lo detuvieron y que incluso había mandado un mensaje que decía: "Llamame, soy Martín". "Santoro contaba con la confianza de García para entrar a la casa, bastaba con llevarle un pedido", razonaron.

Respaldaron los dichos de Matías Massoni, un ex imputado y conocido de Santoro que reveló que el verdulero lo había invitado a participar en asaltos y le había confesado que en una ocasión se le salió la capucha y a la víctima "tuvo que matarla".

Testimonios. Otro testimonio que avalaron los jueces fue el de Pablo Rojas, quien actuó como informante policial. Este hombre contó que Santoro lo llamó para preguntarle si sabía cómo encender un auto sin llave porque estaba robando en una casa y no podía arrancarlo.

Rojas contó que le preguntó por los dueños de casa y el verdulero respondió "los maté". Y que en una charla posterior Santoro le comentó que "tenía miedo por su hermano, porque no había usado guantes". Se presume que se refería al caso de García, que guardaba en su cochera un auto del forense Víctor Frigeri. El motivo por el cual Santoro hablaba de las muertes, para los jueces, debe encontrarse en el informe psicológico según el cual presenta un "trastorno de la personalidad antisocial egosintónico".

"Se evidencia que Martín Santoro entró al domicilio de la víctima llevando un pedido de verduras, y casi sin lugar a dudas usando guantes de latex similares a los que se secuestraran en su rodado, procedió a darle un golpe en la cabeza que la dejó inconsciente y ulteriormente matarla para poder robar", concluyeron los jueces.

Una modalidad similar advirtieron en el crimen de Concepción Lavore, asfixiada en su casa de Suipacha al 2100 la primera semana de febrero de 2010. La mujer compraba en la verdulería de los Santoro, en la agenda de una colaboradora informal del negocio figuraba su teléfono y del celular que la empleada Natalia Luchetta solía prestar a Martín partieron llamados a la casa de la víctima.

En cuanto al crimen de José Savini, asesinado en su casa de Dorrego al 2300 de Zavalla entre la tarde del 12 de mayo de 2010 y la madrugada del 13, remarcaron que al ser detenido el 5 de junio de ese año Santoro llevaba en su camioneta un órgano, un acordeón y otros objetos de la víctima, mientras que en su casa tenía un equipo de música del locutor.

La prueba clave en este caso fue una huella de zapatilla hallada en la casa del jubilado que, según una pericia, se corresponde con unas falsas Adidas número 42 de Santoro, con la misma trama y desgaste. Esa noche fue vista frente a la casa una Trafic blanca con un choque en el costado derecho (la Sprinter de Santoro tenía un abollón) y la descripción de una vecina que había visto a un muchacho "alto y delgado" charlando con Savini en la puerta.

Para Mas Varela y Tutau está probado que Santoro solía ir a Zavalla porque allí vivía la familia de la empleada Lucheta. Una hermana de la mujer había cuidado a un hermano de Savini durante una internación. Y se encontró la boleta de una compra de un electrodoméstico que hicieron juntos en un negocio de esa localidad.

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