Los inundados brasileños, furiosos por la falta de asistencia estatal
Las lluvias y las rutas cortadas impiden el empleo de máquinas pesadas y la labor de los rescatistas. Los deslaves dejaron hasta ahora 582 muertos. No hay cifras oficiales de desaparecidos.

Domingo 16 de Enero de 2011

Hambrientos, lastimados, desesperados y mayormente librados a su suerte, miles de sobrevivientes de devastadores deslizamientos de tierra que mataron a 582 personas en el Estado de Río de Janeiro abandonaron ayer sus esperanzas de que el gobierno les entregue la ayuda prometida o rescate a los heridos.
  El Departamento de Defensa Civil de Río dijo que 222 personas murieron en Teresópolis, 216 en la cercana Nova Friburgo y 41 en la vecina Petrópolis
  Los moradores de áreas remotas que todavía no han recibido ninguna ayuda transitan peligrosos senderos resbaladizos y escarpados en la selva, transportando agua y alimentos a la espalda para asistir a sus seres queridos que no pueden llegar hasta las principales zonas de la ciudad montañosa de Teresópolis, al norte de Río de Janeiro, una de las más castigadas por los deslaves.

Resignación. Wanderson Ferreira de Carvalho, de 27 años, dijo atontado que había perdido a 23 miembros de su familia, incluso su padre, su esposa y un hijo de dos años. Sólo se ha recuperado el cadáver de su padre hasta ahora en el vecindario de Campo Grande donde vive. El cuerpo estaba tan descompuesto por el agua y el calor que dijo que ya no quiere que nadie busque a su mujer y su hijo.
  “Prefiero no verlo ahora”, dijo del pequeño. “Dondequiera estén sepultados es mejor dejarlos en paz”.
  Carvalho caminaba rumbo a su vecindario llevando suministros para sus vecinos sobrevivientes. Aunque él y otros están rencorosos por la falta de ayuda gubernamental, también prevalece una extraña resignación, como si fuera previsible que ante el peor desastre natural en cuatro décadas los ciudadanos deben arreglárselas de por sí.
  “Tenemos que ayudar a los vivos, no hay más ayuda para los muertos”, sentenció. “Lloré mucho, y a veces tengo la mente en blanco y casi me olvido de lo que ocurrió. Pero tenemos que hacer lo que podamos para ayudar a los vivos”.
  En Teresópolis, cientos de personas desamparadas se albergan en un gimnasio local. Hay muchos alimentos y atención médica en la ciudad.
  Pero en la base de las empinadas laderas que conducen al vecindario Campo Grande, de Carvalho, fueron divisados apenas un puñado de bomberos y dos policías federales, y ni siquiera ayudaban a la gente a transportar suministros.
  Los departamentos de bomberos local y estatal dirigen las tareas de rescate y dicen que unas 2.500 personas participan en ellas. Se utilizan once helicópteros para llegar a las zonas remotas, y 225 policías federales están en la región para mantener el orden.
  “La obstrucción de los caminos causada por los deslizamientos aumenta la angustia de quienes necesitan ayuda”, dijo el departamento de bomberos en su cibersitio. “En estos casos la única opción es el uso de helicópteros, que a veces encuentran difícil aterrizar y despegar por el clima adverso”, indicó.
  Simone dos Santos Pinto, de 36 años, una residente de Campo Grande que llevaba suministros a su padre enfermo de 65, dijo que no recibían ayuda y no podía comprender por qué. “No tenemos a nadie que nos ayude”, se lamentó, con su carga a la espalda y en sus manos. “Dejo a mi padre allá arriba y mi casa se está por derrumbar. ¿Pero qué voy a hacer?
  El torrente de tierra y agua barrió como un maremoto comunidades pobres, destruyendo casas y provocando la muerte de familias mientras dormían. Algunos cuerpos en Teresópolis fueron encontrados a muchos kilómetros de sus casas.
  La incesante lluvia dificulta los esfuerzos de rescate
  Los deslizamientos afectaron una zona de unos 2.330 kilómetros cuadrados en una zona montañosa de espesa vegetación a 65 kilómetros al norte de Río de Janeiro.

"¿Qué esperan"?

Sergio Joaquín de Jesús, de 48 años, y obrero de la construcción que acababa de donar sangre reunía una cuadrilla de trabajadores para desenterrar a las víctimas atrapadas por el lodo en Nova Friburgo. El hermano de su esposa y una hermana están desaparecidos. Empero, de Jesus dijo que piensa llevar provisiones a las personas atrapadas en las zonas altas montañosas. “Imaginen, seres humanos allí, sin comida, ni agua, sin poder dormir en parte alguna en medio de este clima. Viven como perros”, indicó. “¿Dónde está el gobierno? ¿Qué esperan?”