Los haitianos se aferran a la fe

Domingo 24 de Enero de 2010

De muchas de las incontables iglesias que se erigían en Puerto Príncipe no quedan más que restos de cruces y alguna vidriera. Hasta la catedral ha sufrido daños irreparables.

Pero ello no impide que, cada día, cientos de haitianos se congreguen en el exterior de los recintos religiosos en improvisadas misas para rezar, dándole gracias a Dios por seguir vivos, rogar por sus muertos o, simplemente, hallar un remanso de paz en medio del caos a que ha dado paso el terremoto que destruyó la vida de tantos en este empobrecido país.

A veces, los cánticos religiosos se escuchan ininterrumpidamente desde el anochecer hasta que sale el primer rayo de sol.

La iglesia de Saint Pierre es uno de los pocos templos capitalinos que aún sigue en pie. Pero, aunque no visibles a primera vista, ha sufrido los suficientes daños para que sus feligreses no se atrevan a entrar.

No importa, desde el día después del sismo, los padres celebran varias misas diarias en un pequeño solar cerca de la nave principal.

"Valor y respaldo mutuo", proclama el cura en medio de su plegaria. Todo el mundo sabe a qué se refiere.

La dulce voz de una mujer entona un cántico que hace olvidar todo el caos exterior. Otra mujer pasa el cepillo, quien tiene algo, introduce unas monedas, quien no, lo deja circular hasta el siguiente feligrés. Todos se dan la mano, logran esbozar una sonrisa a pesar de las numerosas tragedias personales que han sufrido.

La paz, aunque sea por un breve espacio de tiempo, vuelve a este rincón de la ciudad.

"Rezo para que Dios nos ayude y nos dé un poco de fuerza", explica una de las numerosas mujeres que asisten "cada día", dice, a la misa vespertina. "Rezar nos ayuda", corrobora otra.

Al término de la misa, una anciana abraza agradecida al joven sacerdote que la ha oficiado.

Ante lo poco que les queda y la mucha incertidumbre que los espera, los haitianos se aferran a la fe, lo único que no les quitó el sismo.