Edición Impresa

Los estrenos de cine bajo la lupa de Escenario

Las películas que renovaron la carterlera son "Ajuste de cuentas", "Paraíso de amor""Yo, Frankenstein" y "Justin Bieber: believe".

Domingo 02 de Febrero de 2014

"Ajuste de cuentas"

Calificación: ***. Intérpretes: Robert De Niro, Sylvester Stallone y Kim Basinger. Dirección: Peter Segall. Género: Comedia dramática. Salas: Monumental, Showcase, Sunstar y Village.

Primera buena sorpresa: De Niro no interpreta a un italoestadounidense relacionado con la mafia, como lo hace en las dos películas en cartel “Una familia peligrosa” y “Escándalo americano”, sino a un boxeador irlandés, irónico y pendenciero. Segunda: tanto él como Sylvester Stallone son “adultos mayores”, pero no tienen ninguna intención de jubilarse. Tercera: en la película hay bastante humor del conocido humor yanqui: doble sentido, juegos de palabras (atento a lo que dicen y no traduce el subtitulado). Y cuarto: ¿quién dijo que Hollywood no tiene personajes para los “adultos mayores”? (que este filme prefiere nombrar y mostrar sin tanta corrección y con más desparpajo, sin por eso resultar ofensivo). “Razor” Sharp (Stallone) y The Kid (De Niro) son dos ex boxeadores enfrentados desde el pico de su gloria por motivos que se develarán al promediar el filme, cuando ambos decidan volver al ring para dirimir la cuestión. En el medio habrá un hijo demandante, una mujer despechada (la muy bella y sin cirugías a la vista Kim Basinger), una historia de amor entrecruzada, secretos revelados y un final reservado para los títulos que vale la pena esperar. El director supo extraer lo mejor de lo que pudieron dar ambos actores. Aunque lo que cuenta puede resultar inverosímil y se ajusta a ciertas convenciones, esta “extraña pareja” da pelea hasta el final.

Por Rodolfo Bella / Escenario

"Paraíso de amor"

Calificación: ***. Intérpretes: Margarethe Tiesel, Peter Kazungu, Inge Maux, Dunja Sowinetz, Helen Brugat, Gabriel Mwarua. Dirección: Ulrich Seidl. Género: Drama. Sala: Cines del Centro.

Ulrich Seidlr produjo una trilogía dedicada a los paraísos (el del amor, el de la religión y el de la esperanza), con sendas películas protagonizadas por integrantes de una misma familia. En “Paraíso: amor”, hizo foco en los contrastes. La historia de una madura mujer austríaca que viaja a Kenya para hacer turismo sexual pone las cosas, literalmente, en negro sobre blanco. El filme, que se distingue por una fotografía por momentos cercana a la pintura, se centra en las ausencias que suele poner en evidencia el poder económico y la falta de resolución de los conflictos afectivos de una sociedad que prioriza el poder adquisitivo por sobre cualquier otro valor. La protagonista es una mujer de vida rutinaria y con baja autoestima, que viaja a un país postergado, donde los varones jóvenes venden su cuerpo a gruesas matronas que no disimulan su racismo y se mueven en una geografía tan pródiga en encantos naturales como miserable en su sociedad, sumida en la pobreza. El contraste entre la riqueza de los visitantes y las carencias de los anfitriones resulta brutal. Y, en ese contexto dominado por la disonancia, el sexo que busca con avidez el turismo femenino se reduce a un trámite meramente comercial. Los desnudos — completos y frontales— a los que el director apela a poco de iniciar su relato no corren el riesgo de aparecer como atrevimientos y, neutralizados por el marco miserable que los rodea, se sitúan en las antípodas del erotismo. El resultado de la experiencia artística de Ulrich Seidlr muestra una buena película que, con un lenguaje cinematográfico que se acerca al documental, desnuda la soledad que aguarda al final del camino que tiene como única, aunque sólida base, a la frialdad del consumismo voraz. Una historia reveladora de la patética cara que muestra un mundo que proclama el infinito poder del dinero, cuando aparecen las “cosas” que no se pueden comprar.

 

Por Marcelo Menichetti / Escenario

"Yo, Frankenstein"

Calificación: **. Intérpretes: Aaron Ekchart, Bill Nighy, Miranda Otto e Ivonne Strahovski. Dirección: Stuart Beattie. Género: Terror. Salas: Monumental, Showcase, Sunstar y Village.

Aquel que vaya al cine a buscar alguna similitud con el Frankenstein de Boris Karloff saldrá desilusionado, desde ya. Pero si el espectador se entrega a una película de aventuras y con un despliegue visual impactante, más de uno saldrá satisfecho con “Yo, Frankenstein”, aunque con algunas reservas. El director Stuart Beattie usó como disparador la creación de Mary Shelley para contar el derrotero de una criatura, hecha con partes de ocho cadáveres, a lo largo de más de dos siglos. La trama despega en 1790 para ofrecer una breve introducción pero el nudo del filme se desarrolla en la actualidad, en el marco de una batalla entre los demonios y las gárgolas, seres alados que pretenden salvar a la humanidad de los villanos. Aaron Ekchart sortea con eficiencia el rol de Adam, el nombre que adoptará la creación de Víctor Frankenstein. Adam buscará su destino y tratará de integrarse a la vida cotidiana pese a que debe soportar el karma de no ser un humano. Un grupo de científicos, liderado por Naberius (un brillante Bill Nighy), lo busca para un experimento que tiene el objetivo temible _como otras tantas propuestas hollywoodenses_ de sembrar el mal en la Tierra. Las batallas de los seres demoníacos y las gárgolas (ocultos tras las figuras humanas) son el motor de este filme, realizado por los mismos productores de “Inframundo”. Este golpe de efecto termina debilitando la línea argumental, que de a poco pierde rigor, si alguna vez lo tuvo, con el correr de los minutos. Sólo recomendable para los que buscan entretenimiento rápido, monstruos alados y fogosas batallas. El final deja abierta la historia para una posible secuela. Ojalá que esa apuesta sea superadora.

Por Pedro Squillaci / Escenario

"Justin Bieber: believe"

Calificación: ***. Intérpretes: Justin Bieber, Scooter Braun, Jon M Chu, Pattie Mallette. Dirección: Jon M Chu. Género: Documental. Sala: Monumental, Showcase, Sunstar, Village.

El fenómeno de Justin Bieber es inquietante. En el último mes, el cantante canadiense de 19 años, fue el protagonista de una detención por conducir ebrio y drogado a altas velocidades, y hasta juntaron 100 mil firmas para deportarlo de Estados Unidos. Esta situación se tradujo en la taquilla de ese país, que fue un gran fracaso ya que lleva recaudados 4,3 millones de dólares a diferencia de su primer documental “Never Say Never”, que en 2011 consiguió recaudar 73 millones. Sin embargo, estos episodios parecen no opacar en absoluto la pasión de sus fans en Rosario que colmaron los cines en el estreno de su segundo documental “Justin Bieber: Believe”. Se trata de un filme que muestra la gira de su último álbum, centrándose en la devoción de las fans que -brackets mediante- gritan a cada segundo, demostrando la lujuria “belieber”. Lo curioso de este documental es que muestra sólo el perfil de “inocente palomita” del joven, mientras que sus escándalos recientes contradicen este concepto. Las fans en la sala gritaban por cada palabra de la estrella, reían con él y hasta lloraban desconsoladamente. Claramente una muestra exagerada del fanatismo que no conoce de racionalidad y que tampoco tiene memoria, pues Bieber canceló su último show en Argentina dejando a miles de fans destrozadas. Sin dudas, duró más el documental que el recital en vivo y en directo. Sin embargo, Bieber es claro en el filme, aunque le dicen que es un candidato perfecto para ser un desastre, él responde: “Sé que cometeré algunos errores, tengo 19 años”.

Por Luciana Boglioli / Escenario
 

 

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS