Domingo 04 de Octubre de 2009
El viernes 27 de septiembre de 2007 Fabián Linares, de 40 años, cerró su farmacia de Alem y Garay a las 20.30 y regresó a su casa de Gálvez al 1600. Fue lo último que se supo de él. Doce horas después, una comunicación anómina a la policía alertaba sobre un automóvil VW Bora abandonado misteriosamente en 24 de Septiembre entre Cafferata y San Nicolás. No pasó mucho tiempo hasta que se descubrió el cadáver del farmaceútico en el baúl de su propio auto. Estaba maniatado y le habían metido un bollo de papel en la boca.
Según la autopsia lo habían estrangulado y, junto al cuerpo, a modo de mensaje mafioso dejado una bolsa con cocaína, marihuana y psicofármacos. ¿Qué sucedió entre el momento en que Linares salió de la farmacia de Tablada y apareció asesinado a la mañana siguiente? Esa pregunta no pudo ser respondida. El hallazgo de droga y medicamentos alimentó la hipótesis de un ajuste de cuentas vinculado a la venta ilegal de fármacos. La pesquisa puso esa pista en segundo plano. Las auditorias y controles del Colegio de Farmaceúticos no detectaron irregularidades en la actividad de la víctima.
Linares era muy apreciado por los vecinos, a los que solía entregar remedios fiados.
Otro episodio, tan oscuro como su asesinato, lo puso al borde la muerte tres meses antes. Ocurrió el sábado 9 de junio a la mañana. Linares estaba solo en la farmacia cuando ingresó un muchacho armado con un revólver. En lo que se interpretó en principio como un intento de robo, el sujeto disparó sobre el farmaceútico y huyó. Linares sufrió graves heridas en un pulmón e hígado, pero se recuperó. En ese interín, según se acreditó en Tribunales, su mujer entabló una relación muy cercana con un oficial de policía afectado directamente a la investigación del ataque.
Esa situación fue reconocida por el propio policía días después del crimen, cuando el juez de Instrucción Jorge Eldo Juárez ya había ordenado un rastreo de llamadas sobre el teléfono de la casa de Linares. Ningún hecho se aclaró.