Los efectos de construir impunidad

Domingo 01 de Febrero de 2009

El copamiento a balazos, pedradas y palazos de la sede de Newell’s del lunes pasado sólo en parte es llamativo: puede causar perplejidad lo desquiciado de semejante accionar a cara limpia. Pero si algo no es inesperado para nadie es que lo haya protagonizado el grupo al que se atribuyen estos hechos.

Y si no hay sorpresa es por algo históricamente construído: durante años el grupo comandado por Pimpi Camino se sintió con la garantía del amparo a la violencia de sus movimientos. Este grupo lo hizo cebado en la distendida convicción de que tenían garantizada impunidad para sus acciones.

Era evidente: todo Rosario sabía lo que pasaba en el club: los aprietes a los padres de los jugadores de inferiores, las palizas a simple vista en el Coloso a los disidentes del ex presidente Eduardo López, los ajustes a balazos en toda la ciudad propiciados por conspicuos personajes de la barra, que implicaban a veces a gente ligada al club y otras veces no. Como Mariano Vaccaro, al que dejaron parapléjico en noviembre.

Todo eso tuvo una visibilidad abrumadora. Pero la policía, las autoridades de la seguridad pública, la prensa y la Justicia actuaron, con mínimas excepciones, como si fueran ajenas a lo que ocurría. A mucha gente eso no suena a impotencia, sino a complicidad. Mientras tanto el líder del grupo al que se le atribuye la refriega no se priva de mandar mensajes, pero la policía no consigue localizarlo.