Martes 03 de Marzo de 2015
Si entendemos a la educación como lo que realmente es, un proceso integral de traslación de saberes, de herramientas para desenvolvernos en la vida, entonces corresponde tener en claro que quienes desempeñamos la labor de enseñanza debemos transmitir también valores. El valor de la dignidad humana es tan importante como aprender las operaciones aritméticas, los conocimientos que aportan disciplinas como la anatomía, la fisiología, la geografía y la historia entre otras. Como bien explica el pedagogo Paulo Freire, los sujetos que aprenden no son recipientes a los que los llena de datos para que actúen como autómatas. Si verdaderamente se enseña se produce un intercambio activo entre "educante" y "educando". El que recibe la información de las maestras y maestros profesores y profesoras aprend3 a leer la realidad social con espíritu crítico para actuar y los que enseñamos también debemos empeñarnos en que así sea. Aprendemos juntos en ese proceso colectivo de intercambio. Un excelente documental titulado "Uso mis manos, uso ideas" da cuenta de la experiencia desarrollada en la localidad de Centenario, provincia de Neuquén, durante los años setenta del pasado siglo XX, donde se aplicó el método Freire para alfabetizar a las mujeres y varones que trabajan en la plantación y cosecha de frutas. El resultado de esta experiencia posibilitó una confluencia de voluntades que transformaron barrios, trabajando en conjunto coordinados maestros, alumnos, vecinos en labores de autoconstrucción de viviendas, conexiones de agua para el riego y el consumo domiciliario. La experiencia fue abortada por la represión de 1974. Pero perduró en el tiempo en todos sus protagonistas. Una vez más en la provincia de Santa Fe los trabajadores de la educación debemos recurrir a la protesta a través de la huelga para lograr que las autoridades estatales reconozcan la necesidad de salarios razonables que permitan a cada maestra, maestro profesora o profesor vivir con dignidad. El proceso inflacionario erosiona los ingresos de los que vivimos de nuestro esfuerzo cotidiano desplegado en las horas de trabajo, que en el caso de los docentes no termina cuando salimos de los establecimientos educativos, continúa en nuestros hogares con la preparación de clases, corrección de exámenes y un largo etcétera. El mismo gobierno que no duda en aumentar las tarifas de la energía eléctrica, el agua, las patentes de vehículos, el impuesto inmobiliario es el que retacea recursos para los salarios docentes. Las libertades y derechos de los trabajadores se conquistan con acciones colectivas y solidarias. Historia repetida cada año la del gobierno exaltando sus méritos y ocultando sus deficiencias. El conjunto de la sociedad es la que paga la enseñanza. La educación es un legítimo derecho que se debe respetar. Una vez más los docentes están enseñando que sin alzar la voz no se logra ser escuchado.
Carlos A. Solero