Martes 12 de Marzo de 2013
¿Qué persona o ser humano que habite este suelo, desde todas las culturas, creencias o dogmatismos no se ha estremecido hasta las lágrimas al escuchar las grabaciones de los bebés y niños del jardín de infantes Tribilin? La respuesta es categórica y unánime. Seguramente seguirá la indagatoria por sus procesos legales, pero lo más tremendo salió a la luz. Este tema se ha comentado, analizado a través de especialistas en educación, sociólogos, psicólogos infantiles, pediatras, entre otros profesionales, en notas por medios gráficos y televisivos. ¿Seguirá o ya pasó como toda noticia estridente y fugas como este tiempo en que vivimos? De hecho como sociedad tenemos que seguir aprendiendo a conocer, valorar, lo que significa un niño pequeño. A saber que necesita protección y cuidado por parte de un adulto, llámese padres, tutor, maestros. Demanda que no puede solicitar directamente a través de un diálogo un pequeño, sino es a través de gestos, expresiones. Ellos no demandan, es responsabilidad obligatoria de los adultos hacia ellos. Un niño está indefenso a la crueldad adulta, es inocente por esencia, busca y necesita cuidados para vivir, crecer, desarrollarse, y sólo sabe dar afecto. Un niño es lo que el adulto hace de él. Seguramente hoy los padres estarán además de afectados por este hecho, más atentos con sus hijos, observarán sus manifestaciones y escudriñarán los lugares donde los dejan. Lamentablemente tuvo que ocurrir ésta situación de tal envergadura para volver la mirada hacia nuestros hijos. Pero también en este tiempo, muy poco o casi nadie se ha preguntado, indagado, buscado, para comentar que les pasa a un docente, con años de entrega enseñando en jardines de infantes, haciendo de su tarea una profesión. Es aquí donde quiero detenerme, porque esos docentes sienten las mismas sensaciones, repudio hacia lo acontecido, como todos. Docentes que en muchos lugares no reciben el acompañamiento de las familias, que en situaciones graves se involucran en protección a la vida de sus alumnos, por el solo hecho de ser docente responsable. Son los que saben que la infancia es un momento crucial en la vida para la futura persona adulta. Son los especializados en niños de 45 días a 5 años, los que conocen que la calidad de los vínculos diseña el cerebro humano. En tiempos tan sensibles con hechos que cuesta poner un nombre o calificación, es pertinente no dejar de mirar a esos docentes que no salen en notas estridentes, son la otra cara que queremos para nuestra educación infantil. Docentes silenciosos que soportan mitos falsos que sólo cuidan y juegan; seguro que ellos cuidan, juegan, porque con ello están realizando la difícil labor de enseñar a niños pequeños, estimulando sus sentidos, haciéndolos vivir experiencias que favorecen el desarrollo. Esos docentes, que al igual que los padres, sienten que si cuidamos a las infancias nuestro futuro tiene muchas más posibilidades de éxito.
Silvia M. Tassi