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Los demócratas apartan a Obama en su lucha por el control del Congreso

Para no verse perjudicada por la baja popularidad del presidente Barack Obama (42 por ciento), una candidata del partido evitó incluso decir si había votado por él.

Jueves 16 de Octubre de 2014

Apenas tres semanas antes las elecciones al Congreso estadounidense muchos demócratas prefieren hacer campaña sin contar con la presencia de su líder, Barack Obama. Y es que la popularidad del presidente no está en su mejor momento. En la campaña presidencial de hace dos años Obama todavía conseguía atraer a las masas, pero ahora se mantiene alejado de los actos de campaña en los Estados más disputados para no perjudicar las posibilidades del partido. Su papel se limita a asistir a eventos benéficos de grandes donantes en zonas de tendencia demócrata, como Nueva York o Los Angeles. "Mi nombre no está en la papeleta electoral, pero sí nuestros valores, nuestros ideales y las cosas por las que han luchado varias generaciones para hacer de este un lugar justo, próspero y con los mismos derechos", dijo el presidente hace un mes a un grupo de donantes.

En juego. En los comicios del 4 de noviembre los demócratas se juegan mucho, dado que es muy improbable que recuperen la Cámara de Representantes, en manos republicanas, y está en riesgo la mayoría que ahora tienen en el Senado. Los republicanos, que son mayoría en la Cámara baja, tienen 45 escaños en el Senado y necesitan 6 para recuperar el control de la Cámara alta.

Según una encuesta de Gallup la aprobación de la gestión de Obama se sitúa actualmente en el 42 por ciento, apenas algo superior al valor de septiembre, cuando se situó en mínimos. La baja popularidad de Obama —muy lejos de aquel 69 por ciento que lo recibió esperanzado en enero del 2009— sirve para hacerse una idea de como podrían transcurrir los próximos dos años si los republicanos logran la mayoría en el Senado. Teniendo en cuenta que ya dominan la Cámara de Representantes (Diputados), podrían interferir aún más en cuestiones como el presupuesto o el nombramiento de altos cargos, interponiéndose todavía más en la agenda del presidente.

Los problemas que acechan al mandatario son muy graves, y además, abundantes. El asunto que más daño le está haciendo, con todo, es la sensación de que ha gestionado muy mal la amenaza terrorista del Estado Islámico (EI). Incluso el ex presidente Jimmy Carter lo criticó duramente hace unos pocos días por la hasta ahora poco exitosa campaña de bombardeos aéreos en Siria e Irak. A esas críticas se han sumado las de algunos de los que fueron sus colaboradores más estrechos, como el antiguo jefe del Pentágono, Leon Panetta, o la ex secretaria de Estado, Hillary Clinton. Pero la amenaza que proyecta el EI no es la única. La posible epidemia de ébola en Estados Unidos y los sucesivos escándalos en los que se ha visto envuelto el servicio secreto han aumentado la impresión de un gobierno a la deriva.

Olvido. El resultado de todo esto es que los demócratas que luchan por un escaño el 4 de noviembre no quieren al líder de la Casa Blanca a su lado. Algunos incluso van mucho más lejos. El viernes último, la candidata al Senado por Kentucky, Alison Lundergan Grimes, evitó responder cuatro veces a la pregunta de su entrevistador de si había votado por Obama en las pasadas elecciones. El video de Grimes se ha convertido en viral y da una idea del "miedo" que muchos demócratas tienen a que se les relacione con el mandatario porque ven una pérdida de votos en ello. Como consecuencia, el presidente no está haciendo campaña.

Recientemente en la cadena CNN preguntaron al senador demócrata Mark Udall (Colorado), que aspira a ser reelegido el 4 de noviembre, si le gustaría que Obama hiciera campaña con él, a lo que respondió: "Veremos cuál es la agenda del presidente y cuál es la mía".

La única actividad partidista que lleva a cabo es presidir actos de recaudación de fondos. Esta semana estuvo en dos en Nueva York y en otros tres en California. En lugares, eso sí, con históricas mayorías aplastantes demócratas que ni siquiera Obama puede poner en peligro.

Flanco débil. Los republicanos juegan a su favor la baza de un presidente debilitado y en sus anuncios de campaña atacan a sus rivales demócratas argumentando que apoyan a Obama. Para muchos votantes el nombre del presidente también aparece en las papeletas: según Gallup un 32 por ciento admite que su voto es una advertencia para el actual presidente.

El actual clima político inclina también la balanza a favor de los republicanos, ya que unos cuantos senadores demócratas que llegaron al puesto aprovechando el efecto Obama de 2008 ahora tienen el viento en contra. Los republicanos tienen que ganar seis escaños para hacerse con el control del Senado, y las encuestas pronostican su victoria en Dakota del Sur, Virginia Occidental y Montana. En otros diez Estados se espera que los resultados sean muy ajustados. Y en opinión de los expertos en demoscopia los republicanos sólo deben temer realmente a los demócratas en tres Estados. "Hay tantos lugares indecisos en los que los republicanos pueden ganar, que el partido tendría que vivir una verdadera serie de desgracias —combinada con una movilización extraordinaria de los votantes demócratas— para sufrir una derrota", apuntó el analista Larry Sabato.

Pequeña oportunidad. Los demócratas, por su parte, tienen alguna oportunidad en los casos más ajustados. Como en Kansas, donde un candidato independiente podría batir al senador Pat Roberts. Los estadounidenses no muestran demasiado interés por estas elecciones. Según el Pew Research Center sólo el 15 por ciento sigue de cerca las noticias al respecto, ya que otros temas como el ébola o la amenaza de Estado Islámico dominan los titulares. El porcentaje es menor al de otros años en los que el poder cambió de manos en el Congreso. En 2010, los republicanos recuperaron la Cámara de Representantes con su oposición a la reforma sanitaria de Obama. Cuatro años antes, en 2006, los demócratas lograron ventaja en el Senado gracias a la decepción por la gestión de George W. Bush y la guerra de Irak.

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