Jueves 18 de Febrero de 2010
Hace algunas semanas, en el Diario Digital de Victoria, encontramos la desagradable noticia de que el gobierno de la vecina provincia de Entre Ríos, impulsa la siembra de arrozales en las islas. Sabemos que los humedales del Alto Delta hace tiempo que vienen siendo lastimados por la producción de ganado vacuno. El avance de la soja sobre los campos que antes eran útiles para la explotación ganadera, llevó a los productores a buscar tierra buena para pastorear en los reservorios de agua y biodiversidad que representan las islas y, con ello, se profundizaron los daños ambientales de los humedales. Ahora estamos ante la presencia de un nuevo perjuicio para nuestros humedales. Con el cultivo del arroz se cerrarán lagunas, se desviarán cauces de agua menores y se quitará flora autóctona. En ese desmalezamiento, nuestras reservas de agua corren el riesgo de padecer la utilización de agrotóxicos que caerán directamente sobre las aguas. Si bien todos acordamos en que hay ambientes que deben ser modificados para la producción humana, debemos ser conscientes de que ya tenemos los suficientes espacios modificados como para superar ampliamente la demanda interna. No necesitamos ampliar las fronteras productivas para satisfacer nuestras necesidades. Todo lo que modifiquemos de ahora en más no servirá para satisfacer necesidades sino para engordar los bolsillos de empresarios que siempre ambicionan un poco más. Los humedales son tanto un reservorio de agua para las futuras generaciones, como un gran oasis para una biodiversidad que está en serio peligro.
Maximiliano Leo,
maxilote03@yahoo.com