Viernes 03 de Enero de 2014
Parece que en estos días la ira que provoca en el espíritu de los usuarios rosarinos los continuos y duraderos cortes de energía eléctrica va acompañada de una alta dosis de estupidez, cualidad que parece ser inherente al género humano. Resulta difícil encontrar otra explicación (entiéndase bien: explicación, no justificación) a las agresiones que deben soportar aquellas personas que en cumplimiento de su deber despliegan toda su capacidad y voluntad encaminadas a solucionar problemas que en modo alguno ellas han ocasionado. Ya es sabido que los empleados de la EPE en su condición de encargados de las áreas de mantenimiento pueden, en el mejor de los casos, brindar respuestas provisorias (parches) a carencias de orden estructural, resultado de años de desidia, imprevisión, corrupción y negligencia, cualidades que comparten los sucesivos responsables de las gestiones gubernamentales y los beneficiarios en la distribución de jugosas prebendas. Precisamente los que resultan amenazados y golpeados con la saña y sadismo de algunos vecinos que apoyan su despreciable accionar en una transitoria y cobarde asociación ilícita, amparada en el tenebroso encubrimiento de vecinos del lugar de los hechos, son aquellos que restituyen la energía tan anhelada a los hogares de los infames agresores. Las víctimas ayudan a sus victimarios. En esta instancia resulta oportuno recordar que en idéntica situación de desamparo suelen encontrarse los profesionales del arte de curar (médicos, enfermeros, paramédicos) en las ocasiones que deben asistir a pacientes afectados por graves dolencias que por cierto ellos no provocaron. Precisamente en circunstancias que el tratamiento más eficaz suele ser el fruto de decisiones fundadas en el conocimiento, previamente meditadas con serenidad, la irascibilidad descontrolada de parientes y allegados conspira contra ese equilibrio tan delicado. En pleno siglo XXI la estulticia humana conserva la lozanía que "lució" en la Antigüedad y en la Edad Media: la sociedad se ensaña con aquellos que en modo alguno son responsables de los males cuyos efectos se les encomienda conjurar. El Renacimiento, la Ilustración y los posteriores movimientos culturales resultaron ineficaces para superar esa perversa combinación de hipocresía, egoísmo, crueldad y estupidez que parecen ser las notas características de parte del género humano.
Jorge Arévalo
DNI 10.189.789