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Los chilenos van a las urnas con la ex presidenta Bachelet como amplia favorita

La popular y carismática ex mandataria socialista Michelle Bachelet tiene el triunfo casi en el bolsillo debido al descontento con las políticas sociales del actual gobierno conservador.

Domingo 17 de Noviembre de 2013

Chile se alista para dar un moderado giro hacia la izquierda en la elección presidencial de hoy. La popular y carismática ex mandataria socialista Michelle Bachelet tiene el triunfo casi en el bolsillo.

   Impulsada por el descontento con las políticas sociales del actual gobierno conservador, la candidata —que representa a una alianza que integran desde comunistas hasta democristianos— tiene suficiente respaldo para ganar en primera vuelta, sugieren algunas encuestas. Pero otros sondeos no descartan un escenario de ballottage, en donde Bachelet tendría que volver a medirse para asegurar una victoria que la convertiría en la primera en gobernar el país por segunda vez desde el fin de la dictadura, hace 23 años.

Ocaso derechista. En el ocaso del gobierno del multimillonario Sebastián Piñera la candidata ha logrado capturar al electorado con promesas de ambiciosas reformas para cambiar —asegura— el rostro de Chile, una de las naciones más estables de América latina pero con una abismal brecha entre ricos y pobres. “El Chile de estos años nos ha confrontado con la necesidad de profundizar nuestra democracia, haciéndola más abierta y más permeable. También nos ha demostrado cuán necesario es que hagamos las transformaciones que permitan mayores niveles de equidad”, dijo Bachelet en un reciente foro de empresarios. Bachelet, madre de tres hijos, quiere pasar a la historia como la presidenta que corrigió las desigualdades y revolucionó la educación pública, mediante una millonaria reforma tributaria y una nueva Constitución.

   Su reforma tributaria busca recaudar unos 8.200 millones de dólares adicionales mediante alzas en los impuestos a las empresas, “sin lo cual resulta inviable plantearse el conjunto de transformaciones propuestas”, según la ex mandataria. La propuesta es aplaudida por muchos chilenos, que no se sienten beneficiados por los ingentes ingresos que provienen de la explotación de los recursos naturales de Chile, el mayor exportador de cobre del mundo.Bachelet tendrá hoy a su principal rival en Evelyn Matthei, la candidata del oficialismo, a pesar de que la favorita aventaja al menos por 18 puntos porcentuales a su contrincante según los sondeos. Matthei, ex ministra del actual gobierno, asegura que el programa de Bachelet no apunta en la dirección correcta y que puede golpear el crecimiento y el empleo. Pero Evelyn Matthei, hija de un general del más alto rango de la dictadura de Augusto Pinochet, no ha logrado escalar en las encuestas tras emerger recién a fines de julio como la carta del oficialismo, pero confía en que pasará a una segunda vuelta.

   Bachelet no se confía y casi con voz disfónica ha recorrido el extenso territorio chileno, invitando a la mayor cantidad posible de gente a que vaya a votar. La idea, admite, es no ir al “alargue”, como en el fútbol, y evitar el ballottage fijado para mediados de diciembre.

   Sus exhortos vienen a propósito del debut en Chile del voto voluntario, que reemplaza al obligatorio que existía hasta la anterior elección presidencial. Para los analistas es un enigma cómo influirá en los comicios. Aunque el padrón electoral es de 13,57 millones de personas, cálculos del estatal Servicio Electoral (Servel) apuntan a que podrían votar hasta 9 millones de electores.

   Además, por primera vez hay nueve candidatos que pujan por la presidencia, una cifra que podría diluir la captación de votos, aunque Bachelet lidera cómodamente los sondeos. El último sondeo del Centro de Estudios Públicos (CEP), el más respetado en el país, arrojó una preferencia del 47 por ciento para Bachelet, mientras que Matthei obtuvo un 14 por ciento. El resultado del CEP no incluye votos nulos o blancos, lo que podría subir las opciones de que la ex mandataria triunfe en primera vuelta con más del 50 por ciento.

   Pero un sondeo de la encuestadora privada IPSOS dijo que Bachelet lograría un 32 por ciento de las preferencias y tendría que enfrentar a Matthei, segunda con un 20 por ciento, en el ballottage. El independiente Franco Parisi —un liberal que atrae votos de la gobernante Alianza por Chile— lograría la tercera posición, aunque en las últimas semanas el izquierdista Marco Enriquez-Ominami ha arremetido con fuerza.

   Además del sufragio presidencial, los electores concurrirán a las urnas para elegir senadores, diputados y consejeros regionales, lo que podría demorar algo más el proceso de votación y los conteos.
  Para Bachelet, la primera mujer en gobernar Chile entre 2006 y 2010, serán claves los resultados del voto para legisladores, porque requiere una sólida mayoría en el Congreso para aprobar las ambiciosas reformas con las que propone cambiar el país. “Necesito un Parlamento que se la juegue por los cambios que Chile necesita”, dijo esta médica de 62 años en Rancagua, ciudad que simboliza el auge económico chileno.

El nudo del Congreso. Los 120 escaños de la Cámara de Diputados serán renovados en esta elección y 20 de los 38 del Senado. Entre los diputados que podrían ser elegidos figuran los ex líderes de las movilizaciones estudiantiles, Camila Vallejo y Giorgio Jackson.

   Antes de entregar el poder en 1990, Pinochet creó un complejo sistema electoral (“binominal”) que complica la obtención de una mayoría representativa en el Congreso y hace difícil gobernar. Bachelet vio muchos de sus proyectos empantanarse en el Congreso en su anterior administración.

   La ex mandataria, que dejó este año la dirección de una agencia de Naciones Unidas para la mujer para lanzarse como candidata a la presidencia, dice que Chile necesita una nueva Constitución que elimine las ataduras heredadas de Pinochet. Pero eso requiere de dos tercios del Congreso. La reforma de la educación necesita de cuatro séptimos, mientras que los cambios al sistema electoral, de tres quintos.

   Si Bachelet gana pero no consigue una mayoría en el Congreso, lo que es probable, deberá negociar sus reformas con los conservadores y también con los aliados de su coalición.

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