Jueves 14 de Febrero de 2013
El Papa Benedicto XVI puede haber sorprendido al mundo con su anuncio de renuncia, pero algunos cardenales comenzaron a maniobrar sobre el tema de la sucesión desde hace dos años.
Las elecciones papales están entre los procesos más misteriosos del mundo, con candidatos no declarados y pistas más falsas que en una partida de póker.
Ningún cardenal puede hacer campaña abiertamente para un trabajo cuya elección, según se dice, es guiada por el Espíritu Santo.
Pero detrás de escena, en encuentros realizados dentro de las gruesas paredes del Vaticano y en los restaurantes más finos de Roma, los cardenales electores evalúan los potenciales candidatos entre sus pares y sueltan pistas sutiles a la prensa sobre si las posibilidades de uno u otro suben o bajan.
Esta ronda de discretas discusiones registraron un incremento en su velocidad el lunes, cuando Benedicto XVI anunció la primera renuncia papal en siglos. En los próximos días, con la llegada de cardenales de todo el mundo al Vaticano, estas discusiones alcanzarán velocidad de crucero.
Pero Benedicto parece haber puesto a andar el engranaje en 2010 cuando dijo en una entrevista que consideraría renunciar si sentía incapacitado físicamente.
"Esta confesión sacudió a todo el mundo que es alguien en el Vaticano y llevó a algunos cardenales a lanzar una batalla semioficial", escribió la periodista francesa Caroline Pigozzi en su libro Le Vatican indiscret (El Vaticano indiscreto).
Este camino a la elección es el polo opuesto del proceso estadounidense moderno de campaña con primarias, debates en la televisión, grandes donantes y estrategias en redes sociales como Facebook y Twitter.
"Paradójicamente, uno no debe aparecer en los diarios y mucho menos ser fotografiado", escribió Pigozzi. "Un hombre de la Iglesia no es una estrella y siempre debe recordar el dicho: Quien entra al cónclave como Papa, sale como cardenal".
John Thavis, un veterano corresponsal en Roma cuyo libro The Vatican Diaries será publicado el 21 de febrero, dijo que tuvo los comentarios de Benedicto en 2010 en mente cuando se apresuró a finalizarlo.
"Temía que pudiera anunciar su renuncia antes de que mandáramos el material a la imprenta", dijo Thavis. "Pensé que iba a hacerlo el 22 de febrero, el día de la Fiesta de la Cátedra de San Pedro, celebración asociada con la autoridad del Papa".
Cónclave. Cerca de un tercio de los 117 cardenales elegibles para votar trabajan en la burocracia del Vaticano, o la curia, y pueden comparar notas sobre los candidatos.
Los demás, arzobispos que supervisan los grandes centros católicos del mundo, están reservando ahora sus pasajes para viajar a Roma y varios de ellos esperan participar de la despedida del Papa el 28 de febrero. Una vez allí, las conversaciones se vuelven serias.
El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, confirmó que el conclave empezará después del 15 de marzo.
Normalmente, cuando un Papa muere, los cardenales llegan a Roma para los funerales, que se realizan el noveno día después del deceso. Una vez allí, los discretos intercambios de opiniones que comenzaron por teléfono o correo electrónico se pueden convertir en discusiones cara a cara.
Nombrar candidatos de forma abierta está mal visto, pero muchos usan recursos como discutir cualidades que debería tener el candidato sin mencionar un nombre explícito.
Grandes electores. Las congregaciones generales previas al cónclave del 2005 mostraron ser decisivas para el entonces cardenal Joseph Ratzinger, quien como jefe del colegio cardenalicio moderó las conversaciones.
Varios cardenales dijeron luego que su gracia para conducir las sesiones los convencieron de que era la mejor opción.
Otra sutil influencia es el rol de los llamados "grandes electores", aquellos cardenales que pueden no estar en la competencia pero sí influir en grupos para que voten por su candidato.
El cardenal polaco Karol Wojtyla no se habría convertido en el Papa Juan Pablo II sin el apoyo del entonces cardenal de Viena Franz Koenig y de algunos alemanes.
Cuando Benedicto XVI nombró una cantidad inusual de prelados italianos y de la curia como cardenales en febrero del 2012, algunos líderes de la Iglesia lo interpretaron como un intento de su camarlengo, Tarcisio Bertone, de influir en el próximo cónclave.
La revancha llegó con el escándalo de los Vatileaks, la publicación de una serie de documentos internos que dejan una muy mala imagen de Bertone.
El mayordomo de Benedicto XVI, Paolo Gabriele, fue sentenciado a 18 meses de prisión en el Vaticano por filtrar los documentos, pero el Papa lo perdonó antes de Navidad.
El escándalo avergonzó a Benedicto XVI, quien sorprendió a la Iglesia al nombrar en noviembre seis cardenales no europeos para balancear el poder.