Los bares del centro
Soy propietaria de un bar en el centro y esta carta es simplemente un comentario a la nota que en este diario publicó el 27/11/2013 Raúl Acosta, la que lejos de enojarme me causó mucha gracia, porque de ella se desprende que el mencionado periodista de bares no sabe absolutamente nada.

Lunes 02 de Diciembre de 2013

Soy propietaria de un bar en el centro y esta carta es simplemente un comentario a la nota que en este diario publicó el 27/11/2013 Raúl Acosta, la que lejos de enojarme me causó mucha gracia, porque de ella se desprende que el mencionado periodista de bares no sabe absolutamente nada. Noté en sus palabras un marcado grado de resentimiento porque en los bares del centro (y en los de barrios también) se hace caja, según usted, señor Acosta, menciona en varios pasajes de su nota. El trabajo nuestro es un trabajo "express", el cliente hace una pausa y entra apurado a tomar un cafecito reconfortante en medio de su jornada laboral y es justamente él quien tiene el mayor apuro y quien marca el ritmo del "plin caja" seguido que a usted parece molestarle tanto. ¿Usted cree que deberíamos obsequiarle el café? ¿Hace usted lo propio con su labor periodística? ¿Escribe notas, artículos y colaboraciones sólo por amor a su profesión y no desea la retribución económica a su trabajo y esfuerzo? ¿El bar del cual usted es habitué recibe diarios y revistas en forma gratuita? De ser así le agradecería que me pase la data para intentar recibirlos de la misma forma y abaratar costos. Respecto al "dedal de soda" que muchos piden dos o tres veces con el mismo café, le comento que la mayoría de las veces queda "muriéndose de risa" sobre la mesa. Agradezco infinitamente la información sobre precios que usted parece manejar muy bien y que utilizaré para actualizarme, ya que veo que me quedé en el tiempo con ellos. El tema del uso de los sanitarios merece mención especial. ¿Sabe algo? Me di cuenta que usted tiene toda la razón del mundo, de ahora en más, voy a poner un cartel de bienvenida para que todos los que no habiendo consumido nada tengan acceso al baño de mi bar si lo necesitan, sin importarme que ensucien los cerámicos con materia fecal, que lo inunden de orina, apósitos femeninos, escriban las puertas, roben el papel higiénico, los carteles identificatorios, espejos, cuadros, adornos. Eso sí, me encantaría conocer su dirección personal, así cuando mi cerebro ordene a mi tracto intestinal sus funciones, yo pueda entrar al baño de su casa, usándolo como baño público con su anuencia, ¿no le parece? ¿Mozos improvisados? ¿Mala atención? ¿Medialunas recalentadas? ¿Tostadas frías? ¿Jamón molido y reprensado? ¿Queso jabonoso? ¿Remo sin vainillas? ¡Oh no! Creo sinceramente que usted va al bar equivocado (¿será por una cuestión de precios?). Señor Acosta, con todo el respeto que me merece, quiero decirle unas palabras finales. Siempre lo leo atentamente, en general coincido con sus apreciaciones que considero inteligentes, pero esta vez pienso que se equivocó mal, no se puede poner en la misma bolsa a todos los que nos dedicamos a este rubro. Personalmente, la prioridad número uno en mi negocio es el cliente, al que le dedicamos todo nuestro esfuerzo y pretendemos que se vaya contento con la atención recibida, porque siempre pensé que el cliente no es para una sola vez.

Lidia Beatriz Galletta
DNI 4.499.722