Viernes 04 de Mayo de 2012
Los de la otra patria, los nombro. Flavia Inocenti: 80 años, voluntaria de la Fundación Margarita Barrientos en la villa Los Piletones, en el sur de la ciudad de Buenos Aires. Ella se levanta a las seis de la mañana y viaja 45 minutos en el colectivo 114 desde Villa Devoto. Luego baja y camina 30 cuadras hasta su destino para cortar, coser y bordar ropa que reciben los más necesitados. María Celeste González, empleada de un supermercado en General Rodríguez, en el Gran Buenos Aires cuenta que un joven realizó una compra de alimentos, pañales y otras mercaderías por valor de 3.000 pesos. Luego, pidió que lo entregaran en donación a una iglesia de General Rodríguez que ayuda a indigentes y personas de bajos recursos. El cliente pidió anonimato pero, María Celeste pudo saber que se trata de un novel médico neurocirujano que habiendo logrado, luego de mucho esfuerzo, empezar a trabajar en el Hospital Vicente López y Planes, de General Rodríguez, y que, en agradecimiento a Dios por la oportunidad concedida, decidió donar su primer sueldo. Raquel Butazzoni: espíritu brillante que vivió en Rosario. Brindó asistencia y contención a madres solteras desamparadas. Involucró a toda su familia en esta cruzada. Elizabet Báez: joven rosarina que con empuje y solidaridad se resistió a ver gente sufriendo frío en las calles. De la nada y sin nada convocó a voluntarios y consiguió un inmueble para que indigentes sin techo puedan dormir durante las noches de bajas temperaturas. Doctor Miguel Albino: pediatra mendocino. Lidera la Fundación Conin. Trata y previene la desnutrición infantil, la más vergonzosa de las enfermedades. Seguramente no fue convocado a nivel nacional por su "molesta" seriedad para trabajar en salud. Y, en la lista, hay muchos más. Estos "piqueteros" contra la tristeza y el desamparo, "mercenarios de la vida", quizás no están de rodillas todos los días con un rosario en la mano, pero seguramente son agradables a los ojos de Dios. Tampoco les interesa ser notable pero "por sus frutos los conoceréis". Se destacan porque piensan en los demás y no por sus crímenes, estafas o declaraciones públicas insultantes. Caminan en silencio trazando un surco en la tierra que los bendice para que otros lo recorran sin tropiezos. No necesitan de subsidios porque su capacidad para crear, está intacta. Son antagonistas de los ineptos y no traicionan a su Patria, porque viven pensando en dejarla mejor de lo que la recibieron. Estos soldados espirituales, comandos de ADN misericordioso, saben que la verdad no triunfa jamás, pero sus detractores no sobreviven para festejarlo. Son una amenaza moral para los que ganan dinero con las miserias de otros y para los que torturan sin picana, con relatos morbosos de festicholas y excentricidades que, si fueran privadas, justificarían derecho. Sus actitudes desplazan con luz la oscuridad de los que festejan a los abanderados populares que internalizaron eso de "liberen la marihuana", sin darse cuenta que son ratas del mismo barco que se hunde.
Roberto Luis Taltavull