Sábado 12 de Noviembre de 2011
No tengo más que palabras de agradecimiento para los ángeles que cuidaron a mi madre María Teresa Pereyra, durante los 20 largos días en el Sanatorio de los Nuevos Ayres de la calle Pellegrini al 1300. A todas las enfermeras que con una paciencia increíble, que sólo debe nacer de la vocación, del oficio, la cuidaron día tras día, acompañándola en esa triste agonía a ella, por sobre todas las cosas, pero también a nosotros que estábamos despidiéndola de a poco. Mi madre les decía cada vez que venían a la habitación que las quería; ella, que no era de andar derrochando cariño porque sí, les decía con humor "Drácula" a quien le sacaba sangre y por qué no un exabrupto a quien la movía y le hacia doler todo el cuerpo, pero después les devolvía una sonrisa. También agradecer al doctor Sacarías, que fue quien la acompañó con su criterio médico sin apartarse de la sensibilidad de un ser humano. Finalmente, despedirme una vez más de vos, mamá, que fuiste única e incondicional, luchadora, buena madre y muy buena persona, como lo transmitió cada uno de los que te vinieron a saludar. Gracias a todos.
Marcelo Cuña / cunamc@gmail.com