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Locas, pero a mucha honra

Una diferencia de género esencial. El loco es aquel que no se ciñe a las reglas de su tiempo y lugar. Y si bien las nuevas generaciones lo convirtieron en un sustantivo al nombrar a un camarada, amenizando su significado, loco siempre fue utilizado en forma discriminatoria. Loca también cargó con el histórico estigma...

Lunes 27 de Abril de 2009

Una diferencia de género esencial. El loco es aquel que no se ciñe a las reglas de su tiempo y lugar. Y si bien las nuevas generaciones lo convirtieron en un sustantivo al nombrar a un camarada, amenizando su significado, loco siempre fue utilizado en forma discriminatoria. Loca también cargó con el histórico estigma, aunque con el tiempo, y en contraposición a la manipulación masculina de esas palabras, fue tiñendo su significante con aires de diversión y sexo, hasta que soplaron vientos de libertad y autonomía. De eso trata "La jaula de las locas", de una pareja gay que es propietaria de un cabaret y de la farsa que deben montar para recibir a los ultraconservadores padres de la novia de su hijo en un contexto donde el erotismo y las maneras exageradas no son parte del decorado sino la reivindicación de su identidad sexual. Locas que sacaron a pasear Rodolfo Ranni, Emilio Disi y un Guillermo Gramuglia tan escultural como desopilante en el teatro Broadway con una comedia dirigida por Roberto Antier que abordó el riesgo de la comparación con este clásico de Jean Poiret.

Esencia teatral. El autor protagonizó en 1973 junto a Michel Serrault la primera versión de la "La cage aux folles" en París y luego de sumar 900 representaciones y casi dos millones de espectadores la historia pasó al cine. Fue en 1978 con Ugo Tognazzi y Serrault. Con ese filme la obra tomó ribetes internacionales. La misma pareja resbaló con una secuela al igual que Nathan Lane y Robin Williams con la remake hollywoodiana. Quizás por eso, más allá de su popularidad cinematográfica, que "La jaula de las locas" tenga una esencial teatral que le es intrínseca y que se asienta formalmente en el trabajo actoral de la pareja protagonista. En las tablas argentinas ya hicieron de Renato y Albin en 1986 Tato Bores y Carlos Perciavalle, y en 2007 Miguel Angel Rodríguez y Roberto Carnaghi.

Una y otra. Aquí la loca de Ranni no es la misma que la de Disi aunque ambos personajes cultivan la sobriedad, una opción inteligente a la hora de provocar las rupturas, siempre devenidas en risas, que la femeneidad de esas distintas personalidades ofrece. Renato luce elegante, distinguido, mientras Ranni se sube la obra a upa y maneja los tiempos. Una guapeza interpretativa si se tiene en cuenta que su personaje es gay pero no lo expresa abiertamente en medio de un despiplume de homosexuales estridentes. Entre ellos Jabob, que Gramuglia, el mismo de Tinelli, repite de la "Jaula" anterior llevándose los más sonoros aplausos con una composición plástica y simpática. Por su parte, Zazá se muestra delicada, casi sometida, al tiempo que Disi atempera sus años de burlesque con una creación compacta en la que conviven la estrella de la noche con la ternura de una madre y la autoridad de una madurez digna, sea con falda o pantalón. Mercedes Carreras aporta su solidez y experiencia, y Guillermo Bredeston sus ganas de volver a escena luego de 20 años, en sus roles de los consuegros.

Reflexión y placer. Respetuosa en su forma y contenido, no hay golpes bajos ni en el texto ni en las actuaciones (al punto que recibió un reconocimiento del Inadi por promover la diversidad), divertida y llevadera, naif en su concepción (la Saint Tropez de los 70 es la capital de visibilidad gay europea) y tan actual como la discriminación sexual y de género, "La jaula de las locas" supera las expectativas de una obra pensada para la temporada veraniega de Carlos Paz pero, sobre todo, alienta la esperanza de reflexionar sentado en la butaca de un teatro sin olvidar la premisa principal del metié: entretener.

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