Miércoles 11 de Enero de 2012
Hasta el año 2011 se decía, Rosario ciudad limpia. De acuerdo a las restricciones impuestas al uso del agua corriente, y al incremento de las tarifas, deberá llamarse Rosario ciudad sucia. No puede entenderse cómo corriendo a la vera de nuestra ciudad uno de los ríos más caudalosos del mundo se restrinja el uso del agua, queriendo convencernos que no deben lavarse veredas o autos. Creo que nos subestiman como ciudadanos, porque un mínimo razonamiento nos dice que ese agua que no se usa va al Río de La Plata y luego al océano Atlántico perdiéndose definitivamente, o sea el agua vale cero peso. Si el problema no es de obtención de agua, sino de inversión en plantas depuradoras y nuevas cañerías que se adecuen al enorme incremento del uso por las nuevas construcciones, por ejemplo, hay que realizar las inversiones necesarias y no penalizar al usuario, que no es el culpable de los problemas creados, sino víctima de los desaguisados de aquellos que deben resolverlos. Interpretar el problema de otro modo, es colocarnos a nivel del Africa, donde pueden entenderse las restricciones por carencia del vital elemento, pero no en Rosario, donde lo que sobra es el agua del río Paraná.
Bernardo Feldman,
DNI. 6.007.780