Lo que se ve desde la puerta
Una puerta siempre nos sugiere una entrada, aunque es obvio, por ella se puede salir. Pero también a través de ella se puede ver. Una casa tiene puertas, también un país tiene puertas. Y nuestro país posee varias, desde donde entran, salen y nos ven bolivianos, paraguayos, brasileños o chilenos.

Jueves 24 de Septiembre de 2009

Una puerta siempre nos sugiere una entrada, aunque es obvio, por ella se puede salir. Pero también a través de ella se puede ver. Una casa tiene puertas, también un país tiene puertas. Y nuestro país posee varias, desde donde entran, salen y nos ven bolivianos, paraguayos, brasileños o chilenos. Desde este sitio mediterráneo imagino que un boliviano nos ve parecidos a él porque al mirar por la puerta ve a un jujeño. Parecido debe ocurrir con algún paraguayo que ve a algún formoseño, un gaucho de Uruguayana cruza el puente y ve a un gaucho de Paso de los Libres y un chileno baja el Aconcagua y cruza a un cuyano. Ahora bien, ¿qué puede pensar de los argentinos un uruguayo que frente a su puerta ve porteños, sean nativos o adoptivos? ¿Tengo yo derecho a enojarme con el candidato presidencial uruguayo Pepe Mujica por sus declaraciones sobre cómo somos los argentinos? Cuando nos describe lo hace correctamente, si tenemos en cuenta lo que se ve desde esa puerta. Sin hacer consideraciones económicas ni políticas, sólo algunos hábitos trasplantados al interior son difíciles de imaginar, por ejemplo un cordobés contrabandeando por su puerto, la vanidad alojada en Santiago del Estero o la soberbia reinando en Chaco. No podemos ni imaginarnos esto, ¿verdad? Sin embargo, muchos argentinos coincidimos con Mujica, seguramente porque un sector de nuestra sociedad muestra facetas desagradables que preferimos no mostrar, pero son indudablemente inocultables. Poco podemos hacer para que nuestro pasaporte no nos deje pegados a todos los argentinos etiquetas que en realidad identifican sólo algunas regiones o ciudades. Buenos Aires con su enorme campo de acción nos tiñe a todos, y desde el interior no tendremos que sentirnos agraviados cuando la opinión de algún extranjero nos involucre a todos, mientras, en realidad, sólo describe a los porteños.

Angel Agostini,

agostiniangel@yahoo.com.ar