Miércoles 17 de Febrero de 2010
La derecha no tolera que el gobernante de turno desafíe su poder. Monta en cólera cuando desde el Poder Ejecutivo salen señales de rebeldía, mensajes que poco tienen que ver con el "tradicional estilo de vida argentino". Para la derecha sólo es legítimo el gobernante que ejerce el poder en beneficio de sus intereses. No le interesa si accedió al poder a través de elecciones libres o empujado por la fuerza de los cañones. La derecha mide la legitimidad política en función de la obediencia prestada por el gobernante a sus demandas. Si el poder político toma decisiones que no le gustan, se pone en guardia. A través de los medios de comunicación que están a su servicio, empieza a proclamar la necesidad de que se respeten las instituciones de la República, columna vertebral de una genuina democracia. Como la derecha está convencida de que sus intereses coinciden con los de la patria, aquellas medidas gubernamentales que cometen el pecado de tocar su bolsillo pasan a la categoría de "decisiones populistas". Si el gobernante no se rectifica a la brevedad, pasa a ser "enemigo" de los argentinos y se lo ataca sin piedad. Pone en duda su salud mental y su honorabilidad. Su vida privada queda a su merced. Los hijos tampoco se salvan. Todos los días, las usinas ideológicas de la derecha incrustan en el cráneo de los argentinos sus mensajes llenos de odio y venganza. En décadas anteriores las Fuerzas Armadas hacían el trabajo sucio. Ahora lo hacen aquellos políticos, periodistas y dirigentes gremiales que se desesperan por recibir la felicitación correspondiente. Entre ellos se entabla una feroz competencia por ver quién se arrodilla con más agilidad frente a los dueños del país. Se esmeran por presentarse como los defensores del orden establecido, como los más detractores de un gobierno que ha "enloquecido". Y si uno de ellos comete un "desliz", inmediatamente le hace saber su "desilusión". Con ese gesto le basta para que la "oveja negra" vuelva a ser "blanca", para que jamás olvide lo que la derecha no tolera.
Hernán Andrés Kruse,
hkruse@fibertel.com.ar