Viernes 11 de Septiembre de 2009
Las imágenes de un sueño no contienen la explicación del sueño. Para descifrarlo hay que ir más profundo: bajo sus signos superficiales están encriptados deseos, vivencias, angustias. Son los elementos a abordar para desentrañar lo que el sueño significa.
Como los sueños, los crímenes familiares tienen una gramática compleja. Lo que se ve en la superficie nos dice poco de su sentido. Cada caso escribe su propio lenguaje y no sirve para explicar otro. Por eso su interpretación exigirá internarse en un terreno que al inicio es invisible: la trama abismal de los vínculos del singular hogar donde ocurre.
En cada asesinato de este tipo se esconde un trauma que tiene que ver con la constitución familiar: por algo la familia resulta el blanco. Por eso mismo el misterio que ofrecen casi nunca es de quién los cometió, lo que en un homicidio familiar se sabe rápidamente. Aquí la incertidumbre está en el por qué. Y muchas veces, cuando los casos se cierran, quedan sin aclararse.
Cada homidicio familiar tiene su malla psicológica. Ricardo Barreda mata a su mujer, su suegra y sus hijas ofreciendo una explicación que sirve para poco más que armar un chiste. Los hermanos Sergio y Pablo Schoklender asesinan a sus padres manteniendo ellos mismos el detonante en el campo del secreto. Tulio Adorna mata a su padre y su hermano y lo único que tenemos en el expediente es una sucesión de argumentos en pugna que se sostienen chocando entre ellos. Una cosa es que los casos se cierren en Tribunales. Otra que sus tramas profundas queden explicadas.
Lo que da vida al relato de un crimen es el enigma de su motivación. Pero en hechos así quien busque una motivación consciente y deliberada —como en casos de quienes matan por honor o en robo— muy probablemente perderá el tiempo. Hay cosas que tienen explicación precaria o que, sencillamente, no la tienen.
En el barrio los vecinos reiteraban ayer que esta tragedia estalló en una familia normal. Es que estas cosas pasan en familias normales. Con la salvedad que Caetano Veloso pone en su canción “Vaca profana” y que, no en tono de broma, vale para todos: “Visto de cerca, nadie es normal”.