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Lo matan de cuatro balazos y le cortan una oreja en un claro mensaje mafioso

Brutal ataque en un carribar de Circunvalación y Mendoza. Gustavo Pérez Castelli era padre de la pareja del empresario narco Luis Medina. Ambos fueron asesinados en diciembre de 2013.

Sábado 02 de Abril de 2016

Quienes conocían a Gustavo Rodolfo Pérez Castelli aseguran que el hombre no sólo sabía que lo iban a matar sino que el sicario que le quitara la vida se llevaría una de sus orejas como trofeo. Y así fue. El jueves a la noche, “El baba” Pérez Castelli, como se lo conocía, estaba sentado en el ingreso a su carribar ubicado en la colectora de avenida de Circunvalación entre Mendoza y White. Fumaba, y en la soledad de la noche, miraba el WhatsApp en su celular. Entonces, sin que pudiera percibirlo, al menos un hombre armado llegó y lo ejecutó de cuatro disparos por la espalda, tres de ellos en la cabeza. No conforme con ello, el matador le rebanó la oreja izquierda y huyó corriendo con su trofeo. Pérez Castelli, de 55 años, había sido suegro de Luis Medina, el empresario sindicado como narcotraficante que fue titular del boliche Esperanto. Su hija Justina, de 23 años, y conocida en el ambiente del modelaje como Justine Fuster, fue acribillada al amanecer del 29 de diciembre de 2013 junto al mismo Medina en el acceso Sur y Ayolas.

Lo sabía. “Gustavo era un tipo bárbaro. El sabía que lo iban a matar así. Cuando asesinaron a su hija fue a buscar uno por uno de los que estuvieron metidos. Fue a mano limpia, porque no era de andar con fierros (armado). Fue a la casa de cada uno y nadie le hizo frente. Fue a buscar hasta a un comisario. Pero entre tantos que fue a ver, uno le dijo que lo iba a matar, que le iba a llenar lo pulmones de balas, que le iba a pegar un tiro en la cabeza y que le iba a hacer cortar una oreja. El ya sabía cómo lo iban a matar”. Esa descripción la brindó ayer un camionero cercano a “El baba” Pérez Castelli, un hombre que de tanto ir a comer al carribar “Panamericano”, ubicado a una cuadra del Fonavi de Mendoza y Donado y por el cual la víctima pagó 260 mil pesos el año pasado, entabló una gran amistad.

   El amigo de Pérez Castelli, que pidió reserva estricta de su identidada, contó que era inusual que el hombre estuviera hasta tan tarde en el carribar, aunque el mismo permanecía abierto las 24 horas. “A él lo encontrabas entre las 11 y las 15, y después se pegaba una vuelta entre las 19 y las 21. Pero era muy raro que estuviera hasta esa hora. Cuando estaba se sentaba en una silla orientada hacia la Circunvalación y se ponía a mirar los WhatsApp del celular”, agregó. “Yo anoche ( jueves) pasé con el camión y lo saludé. Eran las 23.30”, agregó.

   A la hora del hecho “El baba” estaba en el carribar junto a una empleada. Pero la joven, por motivos que se desconocen, se ausentó momentáneamente. Entonces, en el improvisado espacio con piedritas sobre el que había mesas y sillas para los comensales, Pérez Castelli se sentó a esperarla. Su matador no le dio tiempo a levantarse de la silla donde tras los tiros quedó agonizando. A su alrededor quedó una mancha de sangre y vainas servidas calibre 9 milímetros.

Un mensaje. En rueda de prensa el fiscal Florentino Malaponte, quien investiga el crimen, indicó que el hecho “se produjo en una ventana de tiempo que va desde las 23.40 a la 0 del viernes”. Según el informe preliminar de la autopsia, Pérez Castelli recibió cuatro balazos calibre 9 milímetros desde atrás. Y sobre el corte de la oreja, manifestó que “la herida que tiene no es común. Tengo entendido que es el primer caso de una herida de ese tipo en investigaciones del nuevo sistema. Y entendemos que detrás de eso hay un mensaje”, explicó.

   Más adelante, a la hora de referirse al móvil del crimen, el fiscal dijo: “No tenemos un móvil en particular. Lo que sí, cualquier persona se puede dar cuenta que por el corte de la oreja, el móvil seguramente no fue el robo, ya que además no le faltaba ninguna pertenencia. Y en esta etapa nosotros tenemos que indicar que eso puede ser un mensaje”, agregó.

   Además, Malaponte indicó que en las primeras horas de la investigación no tenía una descripción única de él o los matadores. Y tampoco quedaba claro cómo habían llegado hasta el carribar, aunque se sabe que se fueron corriendo. También dijo el funcionario haber observado los registros de las cámaras de videovigilancia de la estación de servicios de GNC ubicada a unos 30 metros de la escena del crimen. En las imágenes puede verse, una hora antes del asesinato, la forma en que Pérez Castelli ingresa al bar de la estación, pide un café y se va, tal cual lo hacía habitualmente.

En la escena del crimen, al lado del cuerpo, además de vainas calibre 9 milímetros había un café a medio tomar sobre una mesita. El fiscal ordenó que se realizara un exhaustivo examen del interior del carrito y del auto de "El baba", que quedó estacionado a pocos metros del lugar.

   Según pudo conocerse, Pérez Castelli residía en un departamento en las inmediaciones de Deán Funes y Mitre. Aunque oficialmente se brindó un domicilio en el casco céntrico de la ciudad y hace ocho meses había terminado la construcción de una casa en un barrio de Roldán. Estaba separado de la madre de sus hijos y estaba de novio.

El mal camino. Gustavo Rodolfo Pérez Castelli saltó a la opinión pública a partir del 29 de diciembre de 2013, cuando su hija Justina fue acribillada a balazos junto al sindicado empresario narco Luis Medina. La joven había ganado sus cinco minutos de fama en la prensa del chimento como compañera de Cristian “El ogro” Fabbiani como Justine Fuster.

   Seis días más tarde, el 4 de enero de 2014, el padre de Justina fue mencionado en un acta preventiva ya que junto a tres policías de la División Judiciales de Rosario intentó ingresar a la casa que su hija compartía con Medina en el country Haras del Pilar, en el kilómetro 46 de la autopista Buenos Aires-Rosario para realizar una constatación a espalda de la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas.

   Al momento de ser informada sobre lo sucedido, la magistrada gestionaba un exhorto ante el juez de garantías de San Isidro Nicolás Cevallos para allanar el country, de lo que se ocuparía la Tropa de Operaciones Especiales (TOE). A la semana siguiente “El baba” también fue convocado a declarar ante la misma jueza junto a su ex esposa y madre de sus hijos: Silvia Fuster. Entonces contó cómo se habían conocido su hija con Luis Medina, del deslumbramiento que Medina tenía por la joven, detalló los viajes que hicieron juntos (uno a Miami) y refirió haber estado en el country Haras del Pilar donde la pareja convivió hasta noviembre de 2013, un mes antes del crimen. Luego tuvieron una breve separación y reanudaron el contacto en Nochebuena, cinco días antes del doble homicidio del que fueron víctima.

   Otro de los hijos de Pérez Castelli, de 27 años y apodado “Parguete”, fue detenido por efectivos de la Sección Inteligencia Zona Sur de la Dirección de Prevención de Adicciones el 22 de abril de 2015 en el marco de un operativo que incluyó 43 allanamientos ordenados por el juez federal Carlos Vera Barros y el fiscal federal Marcelo Digiovanni para desbaratar la denominada “Banda de los chetos”. El saldo del operativo fue el secuestro de medio millón de pesos, 7 armas, 8 autos, 7 motos, 6 kilos de cocaína, 11 kilos de marihuana, 220 dosis de éxtasis, 105 de LSD y 160 de metanfetamina, precursores químicos y material de corte.

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