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Lo condenaron a 17 años de prisión por quemar y matar a su pareja

El hecho ocurrió en enero de 2011 y la mujer, Lorena Giménez, falleció tras 33 días de agonía. La pena alcanzó a Franco Sebastián Aguirre, con quien convivía la víctima.

Domingo 08 de Marzo de 2015

Los últimos meses en la vida de Lorena Vanesa Giménez fueron tortuosos. Sumergidos en un contexto de violencia doméstica permanente a la vista de muchas personas que no denunciaron lo que sucedía. En el invierno de 2010 había roto un noviazgo de cuatro años y casi de inmediato comenzó una relación con Franco Sebastián Aguirre, con quien terminó conviviendo en una vivienda de pasaje Villegas al 6000. En diciembre de ese año perdió un embarazo y, según puede leerse en el expediente que se abrió para investigar su muerte, para sus allegados fue fruto de la violencia a la que era sometida por Aguirre. El 27 de enero de 2011 la mujer fue internada en grave estado, con el 40 por ciento de su cuerpo quemado a partir de un supuesto accidente doméstico y falleció tras agonizar 33 días.

   Cuatro años después, el juez de Sentencia Gustavo Salvador condenó a Franco Sebastián Aguirre a 17 años de cárcel por homicidio. Al declarar ante los pesquisas ambos diero la misma versión de lo que había ocurrido. Dijeron que ella se quemó cuando quiso apagar la cocina donde calentaba una pava con agua para tomar mates. Tras la muerte de Lorena, sus padres presentaron una denuncia que investigó el juez Javier Beltramone. “Tengo sospechas de que mi hija haya sido quemada por su concubino”, declaró entonces el padre de Lorena.

   Con el correr de los meses Aguirre modificó su declaración e intentó orientar la causa hacia un intento de suicidio de la mujer. Beltramone no encontró un “justificativo razonable para un suicidio” y señaló que el detenido procedió “de un modo cruel, que implicó el propósito de matar haciendo sufrir a Lorena”. Para Beltramone, el relato de la víctima fue inducido por su agresor.

   Los primeros en advertir el estado en que se ponía Lorena cuando le preguntaban qué había pasado la tarde del 27 de enero de 2011, fueron sus padres y hermanos. “Le agarraban ataques, empezaba a temblar, se ponía a llorar y no decía nada”, manifestaron. El padre dijo que “pudo apreciar que Franco trataba mal a su hija: la callaba con insultos”. Otros integrantes de la familia y amigas dijeron que la vieron “con marcas de golpes y al preguntarle de dónde provenían, ella siempre les decía que se había caído”. Sin embargo nadie pudo torcer el destino.

Testigos impotentes. Lorena y Franco estuvieron juntos tan sólo seis meses. Vivieron en una humilde casa de pasaje Villegas al 6000, en el barrio San Martín. Al repasar los testimonios que el juez Salvador vuelca en su fallo se percibe que el final de la historia era anunciado. Su mejor amiga contó: “En diciembre de 2010, antes de las fiestas, vi por primera vez que Franco le pegó. Estábamos afuera del boliche «Aureliano» y vi cómo él la tenía agarrada del cuello y le pegaba piñas por todos lados, mientras la insultaba de arriba a abajo. Yo en ese momento no me metí porque también fui una mujer golpeada y hay veces que es peor para la persona que sufre los golpes que otra persona se meta”.

   En el expediente se leen los testimonios de los padres de ambos protagonistas, sus hermanos y amigos. Y también de enfermeros y médicos que asistieron a Lorena en distintos centros asistenciales, como también policías y peritos que intervinieron en la investigación. Mucho de esos testimonios eran contrapuestos.

   “Si bien estaríamos ante un supuesto de palabra contra palabra (familiares y amigos de la víctima frente a familiares y amigos del imputado), no se trata de cuantificar el peso de cada uno por su cantidad sino que la verosimilitud del testimonio se obtiene por la correspondencia y corroboración de esos dichos con los demás elementos de prueba reunidos”, explica el juez Salvador en su fallo. Y agregó: “Es ahí donde encuentro sustancial coherencia en el relato de los familiares y amigos de Lorena Giménez, pues su testimonio resulta correspondido con la demás prueba recogida en la causa”, analizó.

Macáncia cruel. Y entre los testimonios, el juez Salvador resalta como “trascendente” en del médico forense Raúl Rodríguez, quiendescribe las heridas de la mujer. “Las lesiones que presentó Lorena Giménez se corresponden con el mecanismo de quemadura o injuria térmica por calor directo o exposición a llama, estimando que dada la profundidad de las quemaduras es menos probable que se trate de una ignición de gases (propano o butano). Luego de aludir a la superficie quemada (tronco y miembros superiores), el médico entiende que «orienta a suponer que la posición de la víctima al momento de sufrir las quemaduras se encontraba con ambos miembros superiores y especialmente el derecho, más próximo a la fuente calórica o simplemente dicha región corporal estaba más expuesta al fuego o a la llama directa»”, indicó el juez.

   Y respecto a la coincidencia en el relato de Giménez y Aguirre, el juez Salvador fue categórico: “El relato de Lorena Giménez y su correspondiente reafirmación efectuada por el imputado en su primer declaración, no merecen credibilidad”.

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