Domingo 15 de Noviembre de 2015
El último contacto que Fernando Mamani tuvo con su familia fue pasada la 1.30 de ayer. Mediante su teléfono celular el hombre le contó a su esposa que le habían querido robar la moto y enseguida la llamada se cortó. La mujer entró en pánico ya que su pareja se había ido de su casa de calle Comando al 600, en el barrio Quintas de la zona sudoeste de la ciudad, con su pequeño hijo de 3 años para comprar leche. Entonces caminó hasta la granjita que está a la vuelta de su casa y la encontró cerrada. En ese momento, por delante de ella pasaron tres pibes que comentaban: “Viste como se la pusieron para robarle la moto”. La mujer les preguntó dónde y fue hasta el lugar. Al llegar a un oscuro pasillo de Maradona al 6300, en el corazón del barrio Toba, encontró la moto de su pareja tirada al lado de un enorme charco de sangre y a su hijo en brazos de un vecino. Fernando Mamani había recibido múltiples heridas cortantes en su cuerpo y agonizaba camino al hospital. Finalmente murió antes de llegar al Hospital de Emergencias. Tenía 24 años.
Maradona y Campbell, en el barrio Toba, se ha tornado en un trozo de tierra violenta tanto para vecinos como para foráneos. Un lugar al que pocos periodistas llegan para reflejar hechos trágicos. Homicidios y robos a la escuela Nº 1333 Nueva Esperanza, ubicada en Qom (nombre toba que se le da en el barrio a Garzón) al 4300. “No vimos nada, no escuchamos nada y no conocemos al hombre muerto”. Con esa frase todos los vecinos que rodeaban la gran mancha de sangre sobre la que quedó el cuerpo de Mamani, tapada con tierra y cartón para espantar las moscas, acudieron a esa respuesta. Luego todo fue indiferencia por miedo.
Y cómo no temer si el equipo periodístico de La Capital, a sólo 30 metros del pasillo, fue increpado por dos muchachos amanecidos y pasados de alcohol que le espetaron: “Ahora les vamos a robar la cámara”. Y ante la indiferencia de los periodistas arrancaron con el grito de “vamos a darle, vamos a darle”, para luego aflojar con una risotada un “vieron, les dio miedo”. Así como la clase media discrimina al pobre y al excluido, en su barrio, en su territorio, ellos deciden quien es foráneo y cual es un blanco. Viven la vida al filo de la ley.
Silencio familiar. Fernando Mamani vivía en una casa de Comando 602 al 4300, en un barrio de casas iguales denominado Quintas y ubicado al este de Rouillón. “No queremos hablar. La única que va a hacerlo es la madre y en este momento ella está con los trámites para el entierro”, explicó una de las hermanas Mamani rodeada por una docena de familiares. Nadie más abrió la boca. Sin la posibilidad de esas voces todo quedó supeditado a la versión oficial en manos del fiscal de la Unidad de Homicidios Adrián Spelta.
Así se pudo reconstruir que Mamani salió en su moto junto a su pequeño hijo alrededor de la 1.30 de ayer. Su intención era ir a comprar leche a una granjita ubicada a escasos 150 metros. Pocos minutos después la esposa de Mamani recibió un llamado a su celular en el que el hombre le decía que le habían querido robar la moto sin especificar el lugar. La comunicación se cortó. Un vecino que reside en las inmediaciones de la escena del crimen indicó que ya antes de la medianoche una gavilla de pibes delincuentes denominada Los Chaqueños, mencionada en otras crónicas policiales de la zona, se habían apostado en la esquina de la escuela, en Campbell y Maradona. Y allí hostigaban a todos lo que pasaban. Ese lugar está ubicado a escasos 150 metros del playón deportivo en el que dos policías de la comisaría 19ª quedan librados a su suerte haciendo guardia en un destacamento de chapa construido con formato de contenedor.
Una banda peligrosa. “Estos guachos estaban ahí, hostigando a todos y buscando bardo. Yo pasé y me quisieron robar. Como no les di pelota me dejaron y me fui a dormir. Pero así están todas las noches. ¿Qué pasó con este muchacho? No sabemos. Lo que si se es que no tienen códigos porque lo mataron delante del pibe de 3 años”, indicó el hombre que habló por indignación. A unos pocos metros, el padrastro de Mamani buscaba información rancho por rancho. “Es una locura lo que le hicieron. Y encima delante de su hijito”, contó escuetamente el hombre agobiado por la bronca.
El cuerpo de Mamani apareció tirado en el interior de un pasillo que se abre por Maradona, entre Campbell y Cullen, unos 30 metros hacia el norte. Un pasillo en el que algunos vecinos indican que vivía su suegra pero que fue desmentido por los residentes del lugar. “Acá nadie lo conoce”, dijo una doña. Ese sitio está a unas diez cuadras de su casa y allí los peritos hallaron cuatro vainas servidas calibre 9 milímetros y la moto. Sin embargo la víctima sólo tenía en su cuerpo heridas de arma blanca, ningún disparo. A la víctima la cargaron en un Renault Kangoo y lo llevaron al Hospital de Emergencias donde llegó muerto. La descripción del parte oficial indica que las heridas eran múltiples. El relato de la gente es que le provocaron cortes en los brazos, el torso, el cráneo y el cuello hasta dejarlo agonizante. La descripción de las heridas hacen inferir que la víctima fue atacada por varias personas y lo único que le faltaba eran sus zapatillas.
El crimen de Mamani es investigado por el fiscal Adrián Spelta, quien comisionó a personal de la comisaría 19ª y de la Policía de Investigaciones (PDI) para que trabajen sobre el terreno.