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Llegó a Tribunales acusada por un crimen y salió libre y sin imputación

Tiene 20 años, dos hijos y la acusan de matar a su pareja, de 82 años, la madrugada del martes. La única prueba fue su autoincriminación.

Jueves 18 de Diciembre de 2014

En un hecho inédito en los Tribunales provinciales, un juez dejó en libertad y sin cargos en su contra a una joven que llegó a la audiencia imputativa de ayer acusada como coautora del homicidio de Rodolfo Luna, un anciano de 82 años con el que convivía en una humilde casa de Empalme Graneros donde la madrugada del martes fue hallado sin vida. El juez Carlos Leiva consideró que el procedimiento policial de la detención de Daniela M. en el lugar del crimen y las causas esgrimidas por la fiscalía para imputarla de "homicidio doblemente agravado", no tenían el suficiente peso para procesar ni imputar a la mujer, y dictaminó la "nulidad de la causa". Como la imputación pretendida por la fiscalía tenía como base la autoincriminación, el juez expresó que "no se garantizó el derecho de defensa" y liberó a la muchacha.

A las 15 de ayer entró a la sala de audiencias Daniela M., quien ante el juez declaró ser soltera, tener educación primaria completa y ser madre de dos pequeños hijos. Consciente y ubicada, pudo responder cada pregunta que le hicieron, aunque por momentos su mirada se extraviaba en los rincones. La chica no mide más de 1,60 metro y al verla se impone una pregunta: ¿Cómo llegó a matar a un anciano con quien tuvo dos hijos y vivió al menos los últimos 10 años?

Fui yo. Para el fiscal Adrián Spelta los hechos fueron claros. Consideró a Daniela "coautora de matar a Rodolfo Luna junto con otras tres personas: Romina J., Mara F. y Fabián F. ", todos prófugos. Y dijo que "al ingresar la policía al domicilio de Luna encontró a la imputada, quien dijo: «Yo lo maté, yo me hago cargo. Estaba con tres amigos pero fui yo»". Luego el fiscal relató que en el lugar había una cuchilla, un ladrillo y el cuerpo de Luna presentaba varios cortes, uno mortal en el cuello. "En principio Daniela M. salió de la casa de Luna y le dijo a un vecino que habían entrado dos personas encapuchadas y habían matado a su pareja. Pero al llegar la policía la chica confesó", sentenció la fiscalía y aseguró que a partir de las declaraciones de la madre y la hermana de la joven se pudo constatar que ella estaba en pareja con Romina J., otra partícipe de los hechos.

En la sala de audiencia estaba la madre de Daniela, Clara, quien en una aparte dijo a La Capital que su hija, a los 11 años ya estaba viviendo con Luna, quien "tenía 75 años y era un abusador. La secuestró a ella y a mi nieto, y la torturaba". Además, la mujer contó que "Daniela tiene una psiquiatra de cabecera y está en tratamiento. Le dije que una vez que esté en casa, no sale más". Así, el homicidio del anciano se tiñó de una historia anterior, de un pasado sinuoso y por momentos indecible.

A su turno, la defensora pública Andrea Siragusa retrucó ante el juez. "Nadie puede autoincriminarse ni declarar sin estar su abogado presente", y por eso manifestó que la confesión de su pupila no tenía validez y, además, era la única prueba presentada por el fiscal. Y agregó que el acta policial era "clara, ya que a la chica le pidieron que dijese una y otra vez lo mismo". Por eso pidió la nulidad de todo lo actuado.

Ante esa estrategia el fiscal Spelta sostuvo que los policías habían oído lo dicho por Daniela, que "no podían taparles los oídos". Y mencionó que la joven tenía sus pantalones y sus manos manchadas de sangre cuando llegaron los pesquisas a la casa donde ocurrió el homicidio. En ese sentido, el fiscal recordó que se tomaron huellas y se hicieron hisopados que se están procesando para ver si corresponden a la acusada.

De esos dos argumentos el juez Leiva encontró que el de la defensa tenía mayor solidez argumental y judicial y tras solicitar a la fiscalía que lograra otras pruebas si pretendía seguir la investigación, dictó la nulidad del procedimiento y dejó libre y sin imputación alguna a la joven. Al escuchar la resolución, la chica abrazó a Siragusa como si fuera su maestra más querida.

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