Jueves 05 de Diciembre de 2013
"Lo he visto a Martín Santoro entrar y salir de la casa de mi mamá. El iba hasta la cocina porque dejaba la verdura y la fruta en la mesa de la cocina", reveló Lelio Giménez, el hijo de Susana García que encontró el cadáver de la mujer atado por un cable a la puerta de su cocina en mayo de 2010. Como él, los otros dos hijos de la víctima declararon ayer, luego de esperar más de tres años para hacerlo. Al salir, reclamaron que el proceso cierre con una condena a perpetua.
Además de Lelio, un contador público de 43 años muy apegado a su madre y que sufrió trastornos de salud y depresivos tras el crimen, declararon Leda, una docente de 45 años radicada en San Jorge, y Adrián, un arquitecto que vive en Corral de Bustos. Los tres contaron que su madre tenía buenos ingresos como directora de escuela jubilada, que cobraba una pensión de la Caja de Ingenieros y el alquiler de una propiedad. Dijeron que era activa, que cantaba en un coro y que ahorraba para frecuentes viajes al exterior. Coincidieron en que era desconfiada con extraños y abierta con los conocidos. Y que no había aberturas forzadas en la casa.
Quedó claro. "Llegamos al juicio con mucha tristeza. Fueron tres años duros por un montón de irregularidades que tuvimos que bancar", dijo Leda a este diario luego de su declaración y con la voz quebrada. "La impresión que uno tiene del juicio es que quedó claro que de la verdulería hacían envíos a domicilio, que mi vieja tenía un trato con él (Santoro), que él entró a mi casa y que preso Santoro se acabaron los crímenes en barrio Parque", acotó a su lado Adrián. Los tres están conformes con el desarrollo del juicio y tienen la expectativa de que termine con una condena a perpetua. "Fueron crímenes de gente mayor, algo aberrante, lo hicieron con frialdad", evaluó Adrián, mientras que su hermana pidió que el caso "sirva como señal de alerta de que los crímenes se pagan".
"La muerte de mi mamá fue una más de varias de un mismo modus operandi que se aprovechaba de la gente sola con una premeditación muy perversa", cerró Leda.