Llanto de Nochebuena
Las fiestas de fin de año invitan a revivir las vivencias y los sentimientos experimentados a lo largo de nuestras vidas en estas fechas. En una cena de camaradería para despedir a otro año que se va para no regresar jamás, un comensal retrocedió en el tiempo hasta una Nochebuena de su niñez.

Martes 20 de Diciembre de 2011

Las fiestas de fin de año invitan a revivir las vivencias y los sentimientos experimentados a lo largo de nuestras vidas en estas fechas. En una cena de camaradería para despedir a otro año que se va para no regresar jamás, un comensal retrocedió en el tiempo hasta una Nochebuena de su niñez: "Estaba contemplando el cielo tachonado de rutilantes estrellas. Deslumbrado, quise tomar algunas para colgarlas en el arbolito de Navidad, pero fueron vanos mis esfuerzos tratando de alcanzarlas. Sollozando, les pedí que se acercaran. Pero ellas, impasibles ante mi ruego, no me respondieron. Al observar lo que ocurría mi madre se acercó y sentándome sobre su regazo me dijo: "Si pudiera volaría hasta el cielo para traerte a las orgullosas estrellas y así cumplirías tu deseo. Pero no tengo alas y ellas están muy lejos. No llores. Debes aprender a tener los pies sobre la tierra y no perder tiempo intentando lograr algo que no esté a tu alcance. No lo olvides". Luego de una pausa confesó que aquel llanto de niño era ahora pena de un anciano a quien mucho le costó aprender la lección. El epílogo de este breve relato fue el prólogo de varios ejercicios de introspección.

Carlos Alberto Parachú