Llamado al Agudo Avila
El pasado 15 de abril, a las 18.15 aproximadamente, me dirigía a mi hogar desde la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la UNR, (Suipacha y San Lorenzo), donde trabajo como docente de dedicación exclusiva. Iba caminando, como de costumbre, ya que vivo a siete cuadras de la misma. En Riccheri, entre San Lorenzo y Santa Fe, me interceptó un hombre que me empujó violentamente con las intenciones de sacarme la cartera.

Miércoles 28 de Abril de 2010

El pasado 15 de abril, a las 18.15 aproximadamente, me dirigía a mi hogar desde la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la UNR, (Suipacha y San Lorenzo), donde trabajo como docente de dedicación exclusiva. Iba caminando, como de costumbre, ya que vivo a siete cuadras de la misma. En Riccheri, entre San Lorenzo y Santa Fe, me interceptó un hombre que me empujó violentamente con las intenciones de sacarme la cartera. Me tiró al piso, me arrastró tomándome de los cabellos, me tiró al suelo y me propinó varias patadas en las piernas y en la espalda hasta que pudo arrebatarme la cartera, para luego salir corriendo en dirección a calle San Lorenzo. Varios autos pasaron durante los breves momentos en que se suscitó el forcejeo, y sólo tocaron bocina, no sé si con la intención de llamar la atención y asustar al sujeto, o porque mi cuerpo obstruía parcialmente el tránsito, ya que yo, según algunos testigos, estaba con mi torso en la vereda y el resto de mi cuerpo en la calle. En fin. Esto podría pasar a formar parte del escenario casi cotidiano que se sucede a partir de la exclusión social de gran parte de la población. No obstante, este es no es un caso más, sino que es un caso singular, ya que el atacante es un interno del Hospital Psiquiátrico Agudo Avila, ubicado en Suipacha, entre San Lorenzo y Santa Fe. El paciente que me atacó corrió hacia el hospital, saltó con el producto de su asalto (mi cartera) una cerca y se escondió allí, en el sitio de su internación. Gracias a un testigo que observó esta acción, el personal de seguridad del hospital pudo recobrar mis pertenencias. Este hecho pone de relieve un tema preocupante para los que trabajamos y/o estudiamos en la zona. Los internados deambulan por las calles del barrio en condiciones variadas: a veces, sin signos visibles de desequilibrio, a veces obnubilados por la medicación, pidiendo limosnas a los transeúntes o a los automovilistas que deben parar por los semáforos de Suipacha y Santa Fe o de Riccheri y Santa Fe. Es cierto que algunos de ellos tienen regímenes de salida, pero se observa una preocupante falta de contención de los mismos. Es cierto también que el presupuesto para la salud provincial puede no ser suficiente, y que el salario de los trabajadores de la salud debe ser seriamente revisado. Pero estos conflictos del sistema no pueden ser usados como causas atenuantes de la responsabilidad de este efector de salud ante los pacientes y ante la sociedad. Hechos como el que me ocurrió no pueden suceder bajo ningún punto de vista. Asumo que el paciente que me atacó puede haberse escapado del nosocomio, lo que me hace poner en duda el sistema de seguridad del hospital. Hago un llamado a las autoridades del Hospital Agudo Avila para que arbitren los medios necesarios para la mejor vigilancia y contención de los pacientes internados. Finalmente, quiero agradecer a la señora que me vino a socorrer cuando aún estaba tirada en el suelo y tan amablemente me facilitó su celular, al muchacho que se acercó con ella y salió a correr al ladrón y al otro muchacho que vio quién me había robado y lo denunció a la seguridad del hospital.

María Cristina Carrillo cristina_248729@yahoo.com.ar