Miércoles 08 de Julio de 2015
Lisandro Zeno, el rugbier rosarino de 25 años que padece leucemia y anteayer fue especialmente saludado y bendecido por el Papa Francisco desde Ecuador, será sometido a un trasplante de médula el mes próximo, según anticipó anoche su hermano mayor, el periodista Lelio Zeno, a La Capital.
“El trasplante va a ser en agosto porque la demora desde el pedido hasta la operación es de cinco semanas, y ya llevamos una. El donante es un brasileño de 39 años”, completó Lelio, en diálogo con este diario.
Lisandro es un rugbier de Jockey Club, que estudia medicina en la Universidad Nacional de Rosario, a quien le detectaron leucemia a fines de octubre del año pasado y que desde ese día comenzó una conmovedora lucha contra la enfermedad y, sobre todo, una batalla solidaria para crear conciencia y sumar donantes de sangre que permitan los trasplantes de médula.
“No pasa nada, maestro” es la frase elegida por “Lichu”, como lo conocen todos a Lisandro en su familia, en la facultad y en el barrio, y la que sirve de slogan en la campaña solidaria de donación de sangre para hacer trasplantes de médula, que él mismo encabeza desde que se enteró de que padecía la dolencia.
“Yo siempre le dije «maestro» y él también me llamaba igual. En el Jockey le empezaron a decir «maestro» porque Lichu es un tipo muy líder, que habla con todo el mundo, sobre todo con los más chicos”, revela Lelio.
“Lo único que te faltaba era que te saludara el Papa”, le dijo ayer a Lisandro su mamá. Es que antes de la bendición de Francisco, Lichu recibió la visita del Loco Abreu, el ex delantero de Central; su equipo posó en el Gigante de Arroyito con una bandera que rezaba “Fuerza, Lichu” y, además, el ex volante canalla Angelito Di María le mandó un whats app.
La bendición papal fue gestionada por la periodista rosarina Inés San Martín, que sigue la gira de Francisco por Ecuador, Bolivia y Paraguay como enviada especial del diario estadounidense Boston Globe, mientras algunas de las movidas canallas fueron obra de su hermano Lelio. “En algunos casos sí y en otros no. Con lo Di María no tuve nada que ver, fue por un amigo que tenía un contacto, pero acá lo importante no es quién hace las cosas sino que Lichu cambió el dolor de la enfermedad por una energía positiva. En vez de estar pensando en él y en su recuperación piensa y trabaja en una campaña de donación de sangre para que la gente tome conciencia de la importancia de ser donante para poder salvar a alguien que necesite un trasplante de médula”, advierte Lelio, el hermano mayor, que le lleva cinco años a Lisandro.
—¿Cómo puede participar uno en la campaña?
—Cualquier persona de entre 18 y 55 años en condiciones de donar sangre puede ir a la mañana, lo más temprano posible porque hay cinco o seis turnos por día, al Hospital de Niños Vilela, al Centenario o al Sanatorio Británico, donde le toman una pequeña muestra de sangre y queda registrado como donante por si alguien que sea compatible necesita un trasplante, algo que es muy poco probable porque hay 25 millones de donantes en el mundo para una población de unos siete mil millones de personas.
Alguien advirtió con sabiduría que “más importante que lo a uno le pasa en la vida es lo que uno hace con eso que le pasa”. Y eso es, justamente, lo que Lichu Zeno hace: transformar el dolor de la enfermedad en una batalla solidaria que emociona. Como él mismo dice, en la frase que acuñó para la campaña de donantes, con la sangre al frente: “No pasa nada, maestro”.