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Lipozime, la empresa santafesina que se subió al tren de la nanotecnología

La incorporación de mayor valor agregado a la producción argentina es uno de los desafíos que el país tiene por delante y la nanotecnología tiene mucho para aportar en ese sentido.

Domingo 26 de Enero de 2014

La incorporación de mayor valor agregado a la producción argentina es uno de los desafíos que el país tiene por delante y la nanotecnología tiene mucho para aportar en ese sentido. Lipomize brinda soluciones nanotecnológicas y quiere consolidarse como una empresa de base tecnológica abocado al desarrollo de tecnología liposomal destinada a la industria farmacéutica, cosmética y alimentaria. Desde Santa Fe al mundo.

Su historia se remonta al congreso de emprendedores 2010 realizado en la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), donde se conocieron Alejandro Barbarini, licenciado en biotecnología, y Martín Díaz, licenciado en administración.

La primera idea fue hacer sistemas de "drug delivery " polimérico a nivel industrial, principalmente enfocados en el "smart delivery" de oncológicos, uno de los grandes campos de la nanotecnología a nivel mundial. El enfoque inicial estuvo fuertemente influenciado por la formación de Alejandro en síntesis de polímeros de alta compatibilidad biológica.

El primer paso fue realizar un estudio de mercado. En una de esas entrevistas, conocieron al doctor en ciencias biológicas Alcides Nicastro, que trabajaba en el departamento de investigación y desarrollo de una empresa farmacéutica. Alcides llevó una palabra clave al proyecto: liposomas. Y se sumó al equipo. Poco después, se incorporó Juan Manuel Peralta, licenciado en biotecnología El quinto socio fue el contador Fernando Bertolín.

El proyecto se orientó a producir insumos liposomales utilizando nanotecnología biológica para ser ofrecidos como materia prima de alto valor agregado en las industrias farmacéuticas, cosméticas y alimenticias.

En Lipomize quieren consolidarse como la primera empresa nacional proveedora de liposomas con o sin carga, adaptables a las necesidades de múltiples clientes.

También proyectan cubrir la producción de liposomas para la industria farmaceútica, la cosmética y alimenticia. "Desarrollamos coadyugantes nanotecnológicos", puntualizó Peralta.

Los nanotrasportadores son estructuras completamente compatibles que pueden ser hechas con moléculas naturales o artificiales poliméricas. La firma santafesina trabaja con las naturales, que son derivados de la lecitina de soja. "Los liposomas funcionan como esferas que pueden transportar materias activas como medicamentos", precisó.

Peralta explicó que cuando se consume un suplemento dietario siempre es un porcentaje lo que se absorbe, ya que tienen un procesamiento que es poco amigable con el cuerpo. Esto cambia con los liposomas, por lo que se puede aumentar lo que se consume.

Además, en medicamentoss se reduce la pesticidad. "La quimioterapia tiene muchos efectos indeseables, por a nivel mundial se trabaja para que los medicamentos ataquen las células cancerosas y que no sean absorbido por las celulares normales", señaló. El encapsulamiento de liposomas es "lo más exitoso", por eso la firma desarrolla un medicamento y un antibiótico para uso pediátrico y para pacientes inmunodeprimidos. "Son medicamentos existentes y estamos haciendo los genéricos en el país ya que hace muy poco que se vencieron sus patentes, y antes se importaban", detalló Peralta.

La firma —que pone en marcha los desarrollos tecnológicos y los procesos de validación, pero no la producción y comercialización— exporta a varias latitudes. Los lipozomas santafesinos ya llegaron a Irán, China, Vietnam, Israel, España y Colombia. •

Keclon es la primera empresa argentina de biotecnología que recibió una inversión de capitales privados de 600 mil dólares a principio de 2012 y sobre finales del 2013 le llegó un nuevo desembolso de 500 mil dólares. Pero la firma rosarina va por más y está a punto de sumar nuevos inversores para poder concretar la construcción de una planta de producción de enzimas que mejoran notablemente la calidad del biocombustible.

La empresa está liderada por un equipo de emprendedores y científicos reconocidos internacionalmente. Hugo Menzella, CEO de Keclon, es doctor en ciencias biológicas, investigador de Conicet y docente de UNR; Leandro Vetcher, fundador y CEO de Green Pacific Biologicals, el Dr. Salvador Peirú, científico de la UNR y Conicet, y Sebastián Bernales, investigador en la Fundación de Ciencia y Vida de Chile (FCV) y Director de ID, en Medivation. Además, el proyecto cuenta con la participación del chileno Pablo Valenzuela, un pionero en el mundo de los biocombustibles.

La mejora de la calidad en el biocombustible que se fabrica en la región permitiría a las compañías locales abrir nuevos mercados, como los exigentes Australia, Estados Unidos y Canadá. Además, una mayor eliminación de impurezas permitiría que las usinas termoeléctricas puedan funcionar con biocombustible y suplir su funcionamiento con fuel oil. Luego de haber generado y testeado en un tiempo récord las enzimas que eliminan impurezas en el biocombustible, la empresa que tiene sus laboratorios en la Facultad de Bioquímica gracias a un acuerdo de cooperación con el Conicet y con la propia Universidad Nacional de Rosario (UNR) busca inversores para poner en marcha su planta.

La planta produciría 10 mil kilos de encima por día, es decir que limpiaría el 70 u 80 por ciento de la capacidad instalada en Argentina que son unos 4 millones de toneladas, detalló el CEO de Keclon.

La enzima puede aplicarse tanto a la producción de biocombustible a partir de soja como de maíz o palma, este último muy utilizado en otras latitudes. Menzella explicó que tenían financiamiento para poder investigar por 24 meses pero lograron dar con la enzima adecuada para el biocombustible en tan sólo 8 meses y también testear en tres fábricas de la región cómo funcionaba y medir la calidad del producto final que resultó altamente satisfactoria. Es más, hasta se animaron a sumar otra línea de investigación y buscar enzimas para mejorar los aceites. "Era desafiante hacer una enzima que funciona generalmente en un medio acuoso y esta debía funcionar en aceite y a una temperatura elevada; además queríamos ser lo menos irruptivos posibles e incentarlas sin que las plantas tuvieran que modificar su estructura", detalló.

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