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Liliana Herrero: "El canto está roto, quebrado"

La Negra Herrero no pierde la capacidad de sorpresa. Por eso hace lo que hace, por eso la búsqueda es su norte, y por eso canta como canta. En la entrevista con Escenario se sorprende...

Viernes 15 de Noviembre de 2013

La Negra Herrero no pierde la capacidad de sorpresa. Por eso hace lo que hace, por eso la búsqueda es su norte, y por eso canta como canta. En la entrevista con Escenario se sorprende gratamente cuando se le vincula su modo expresivo con el nombre de uno de los grupos que marcó su camino: Canto Libre, vaya coincidencia. Liliana Herrero presenta hoy, a las 22, “Maldigo”, en el teatro Lavardén (Sarmiento y Mendoza), quizá el disco más desgarrador y bello de su carrera. “Me quiero retirar de la domesticación del canto”, apuntó.
  Acompañada por Gonzalo Fuertes (bajo y contrabajo); Mario Gusso (percusión); Martín Pantyrer (vientos) y Pedro Rossi (guitarras), la intérprete nacida en Villaguay recorre autores de la talla de Atahualpa Yupanqui, Miguel Abuelo, Juan Falú, Fernando Cabrera y Violeta Parra, entre otros. Y todos esos textos y esas músicas trepan hacia un costado sensible e impar a partir de su voz.
  —El disco conmueve en la primera escucha...
  —En el vivo pasa algo similar, es muy difícil de sostener este disco en vivo, termino agotada, emocionalmente es alto. Es un disco crudo, de un sonido brutal, salvaje, lo quería grabar en estudio, pero en vivo, y lo  hice. Yo sabía que ese era el sonido que quería buscar, pero siempre voy inventando en el mismo acto de cantar y de grabar, voy viendo cómo va la cosa, y me resultó muy estimulante grabar prácticamente en vivo.
  —En “El padrino III”, el personaje que interpreta Andy García está en una situación límite y en ese momento insulta, pero lo hace en su lengua original (el español, el actor es cubano). Según esta anécdota, ¿”Maldigo” es cuando sale de adentro la bronca más genuina?
  —Me acuerdo de ese momento en la película, pero maldecir no es insultar. Es simplemente que el canto está quebrado, está roto, desmesurado, abismado también, me gusta usar esa expresión. Entonces la idea que yo tengo al decir maldigo es que me quiero retirar de los cánones o la domesticación del canto, en el sentido de si canta bien o canta mal. Me puse afuera, me retiré de ese lugar, tal vez siempre fue así y no me di cuenta, pero ahora sí fue más ostensible esa actitud mía de cantar casi con la voz quebrada. Yo no sé decir cómo hay que cantar, y eso es lo que significa “Maldigo”, no es una maldición ni establecer un horizonte para decir así se debe cantar. Pero eso no quiere decir que éste sea el modo para cantar, es el modo que yo encontré para cantar este disco
  —Si dijeras “así se debe cantar” caerías en la misma lógica de los que promueven una música industrializada.
  —Claro, es lo contrario a eso, no hay ningún pedagogismo (sic) en mi propuesta, es más bien déjenme estar así, esa es la idea en este disco, eso significa “Maldigo”: este es el modo en que pude cantar, mi voz está quebrada, esta rota también, tampoco es cierto que es un disco triste. Es desmesurado, pero no es un disco triste, es un disco que está abismado, eso quiere decir maldigo, que está cantado de un modo tal que se está pensando qué significa cantar en el propio acto de cantar.
  —El cómo cantar está ligado al qué cantar, porque la temática también es desgarradora.
  —La verdad que sí, ahí hay temas muy complejos, muy caros a nuestras propias vidas individuales y también a las vidas de nuestros pueblos: la niñez desamparada, la intemperie, el trabajo, el desamor, la muerte, las diferencias sociales de “Qué distinto atardecer” (se refiere a “Garzas viajeras”) entre el hijo del hachador y la niña que pasea en barco por placer, de Aníbal Sampayo; el destierro está en el tema “Marte”, de Tomas Aristimuño, o el no lugar también se podría decir; esos temas están, eso en relación a los textos, porque en relación a la música busqué una sonoridad.
  —La sonoridad de la que hablás te dio cierto sello en esa búsqueda de algo alternativo al folclore tradicional, algo que insinuaste ya desde “La isla del tesoro” (tercer disco).
  —Sí, y desde el primero te diría (“Liliana Herrero”, 1987), desde aquel viejo disco nosotros salimos con los músicos de Rosario y con Fito (Páez), intentando pensar algo, con errores, algunas cosas más lindas que otras, otras decididamente feas, pero fue una búsqueda muy interesante para mí, porque yo también en esa búsqueda fui amasando un estilo y fui pensando cómo cantar y fui sosteniendo esa pregunta. Cada disco y cada concierto para mí son el sostén de una pregunta sobre el canto y la música, y si el canto y la música tienen algo para decirnos hoy, en estos tiempos tan complejos y tan convulsos, y donde estamos pensando con mucha intensidad nuestros días como Patria, como Argentina, y nuestras vidas personales también.
  —Al repasar tus comienzos con la música, uno de los grupos emblemáticos que aparece es Canto Libre, y en estos días tu canto es más libre que nunca.
  —Mirá vos, te lo agradezco mucho, no lo había pensado, y sí, este canto es, al menos, libre para mí, pero no intenta establecer un principio para nada. Y aquel grupo, aquel viejo grupo de los 60 que yo amé, y sigo amando, se llamaba justamente Canto Libre en referencia a una canción y a un disco de Daniel Viglietti.
  —“Maldigo” arranca con la frase “por eso afónica”, extraída de “Eva Perón en la hoguera”, ¿a qué se debe esa referencia?
  —Leí muchas veces y con mucho interés a Leónidas Lamborghini, y especialmente “Eva Perón en la hoguera”. La lengua que usa Lamborghini está toda quebrada, no hay una lógica sujeto, verbo y predicado, hay un estallido del lenguaje. Yo había puesto otra frase que era “cada vez la amargura más, pobreza, ataúd, por eso afónica”, eran fragmentitos que tomé de esa lengua estallada de Lamborghini. Pero después dejé “por eso afónica”, como si la lengua, o el canto en este caso, nunca pudiera cantar como nosotros quisiéramos o como puede el canto mismo, eso quiere decir afónica.
  —En el último tema es durísima la frase “tengo la paz asumida, traiga la muerte señora”.
  —Sí, y al mismo tiempo Hamlet Lima Quintana (autor de la letra de “Milonga para la muerte”) nos deja una puerta abierta, que tal vez quise señalar, al decir “dejo un coral de cantores”, es decir yo me iré, pero dejo un coral de cantores, y estoy convencida que eso vendrá.
  —¿Confías que hay otros músicos que siguen la línea estética que estás buscando?
  —No creo que solamente yo sea una referencia, hay un conjunto de músicos que lo son, y si tuviera que decir una referencia fuerte para mi generación y para los que vienen, sin duda que es Juan Falú. Pero de todas maneras creo que lo que viene es precioso, están diseminados por todo el país y eso es una promesa muy alta para mí, porque la música es una promesa de comunidad, ¿sabés?, emancipada si querés, pero es una promesa de comunidad, eso es lo que estoy pensando de la música y hacia ese lugar voy. Para no retirarme de la idea de promesa, porque quiero que esa palabra esté presente en mi corazón.
  —¿Recién te referiste a los tiempos convulsos que se atraviesan, ¿cómo transita una artista como vos esta situación?
  —Yo creo que es un tiempo complejo y que debemos apostar a voces colectivas para que volvamos colectivamente a pensar este país, lo veo notablemente optimista este momento. Hay logros más que valiosos y al mismo tiempo siento que nosotros tenemos que construir una voz colectiva en la que podamos pensar libremente este país. Vos sabés que yo de hecho apoyo este gobierno y tengo críticas a cuestiones que me resultan complejas para pensar, pero quisiera apostar con este gobierno y con las fuerzas políticas a una Argentina feliz, nunca dejaré esa idea.
  —¿Por tu posición favorable al gobierno nacional se te abrieron puertas y se te cerraron otras?
  —No, porque yo no soy una cantante oficial, no soy la cantante oficial de ningún gobierno, ni provincial, ni nacional. Yo soy una cantora, y hay lugares a los que voy otros a los que no voy, pero eso lo decido yo.
  —Por eso tu canto es libre.
  —Tal vez sea así, pero digo públicamente lo que pienso, nunca he recibido ninguna censura hacia mí, no lo siento eso, para nada. Me siento con la libertad de hacer lo que tengo ganas de hacer y me alegra que sea así, pero yo no pienso que el arte debe ser oficial, el arte tiene que cumplir una tarea, y es la de poner en cuestión determinados modos de la vida y de la vida de los pueblos. Y para poder insistir en eso hay que retirarse de determinados lugares mas convencionales. Me gusta estar pensando en aparecer de vez en cuando en determinados lugares y cantar,  porque se me da la gana, aunque no cobre, aunque no se pague entrada, no me importa, son cosas que estoy haciendo y muy calladamente, y me gusta hacerlo así.
  —¿Tenés algo en mente para suceder a “Maldigo”?
  —Siempre estoy con ideas, pero no podría decirte que las ideas que tengo son las de un próximo disco, porque eso me lleva mucho tiempo, por lo menos dos años, pero sí hay temas que me están interesando cantar, por ejemplo “No soy un extraño”, de (Charly) García, y lo hago con mucho placer.
  —O sea que el rock y el folclore siguen confluyendo en tu imaginario estético y sonoro permanentemente.
  —Si, sí, finalmente, la música.
  —Sin fronteras
  —Las hay, porque géneros hay, pero hay un diálogo maravillosos entre ellos (el rock y el folclore), sino es muy difícil pensar la memoria musical y poética argentina. Y yo apuesto a pensar esa memoria poética, cultural y musical que tiene este país y Latinoamérica. Yo quiero pensar eso y por eso me subo a un escenario.

Vueltas en el aire de la creatividad

“Canciones como Bagualín o La garra del corazón, de este último trabajo, me llevan a pensar el sonido más como expansión que como sucesión, más como espacio que como tiempo. Eso era algo que yo quería pensar, imágenes que van apareciendo con simultaneidad en el espacio dando vueltas ahí y no sabemos bien de qué estamos hablando”, dijo Herrero.

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