Miércoles 06 de Octubre de 2010
Con sorpresa recibimos las versiones periodísticas sobre la acusación de un padre por discriminación en la admisión a una institución educativa confesional de Rosario. La sorpresa inicial nos lleva a plantearnos algunos interrogantes y reflexionar. ¿En qué confusión estamos cayendo cuando se dice que un proyecto educativo que proponga la formación de los niños y adolescentes aceptando su corporeidad y su identidad sexual como varón puede ser interpretada como discriminatoria? Yo creo que es necesario que mi hijo se desarrolle integralmente y asuma los desafíos de ser varón y que mi hija se desarrolle integralmente y asuma los desafíos de ser mujer. ¿No tengo derecho como padre a creer esto? ¿No tengo derecho no sólo a soñarlo o a pensarlo, sino a dedicar mis esfuerzos cotidianos en este camino? ¿Es discriminación enunciar los principios morales y religiosos que sustenta una institución o esto se llama en las sociedades civilizadas libertad de opinión y libertad de credo? ¿Cómo podremos los padres elegir responsablemente una escuela donde nuestros hijos reciban una educación que esté de acuerdo con nuestras propias convicciones, si los establecimientos educativos no definen públicamente y con claridad los principios que guiarán su tarea educativa? ¿No tenemos este derecho? ¿No resulta muy peligrosa esta sorprendente intolerancia del disenso, este intento de amordazar la expresión de ideas y culto de los ciudadanos y de las instituciones? ¿Dónde están las autoridades provinciales para garantizar el ejercicio de estos derechos básicos de la ciudadanía y asegurar la verdadera libertad de enseñanza?
Liliana Araujo liluaraujo@hotmail.com