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Latinoamérica, una deuda pendiente de la administración de Barack Obama

El breve apretón de manos entre Barack Obama y Raúl Castro durante el funeral por el líder sudafricano Nelson Mandela dio la vuelta al mundo y provocó rápidas especulaciones.

Domingo 22 de Diciembre de 2013

El breve apretón de manos entre Barack Obama y Raúl Castro durante el funeral por el líder sudafricano Nelson Mandela dio la vuelta al mundo y provocó rápidas especulaciones sobre un eventual cambio de rumbo de la política de Estados Unidos hacia Cuba. Pero como buena parte de las acciones de Washington este año hacia América latina, el saludo presidencial no fue más que un mero gesto, tras el que muchos expertos siguen lamentando la falta de acciones concretas.

   En los últimos años, Estados Unidos ha insistido en que ve a América latina más como una oportunidad que un problema y 2013 iba a ser el año en que, por fin, ponía hechos tras las palabras. Sin embargo, pese a contundentes gestos como el ya histórico apretón de manos, crisis políticas internacionales como la siria y escándalos como el espionaje de la NSA volvieron a interponerse una vez más entre las buenas intenciones y las acciones reales. Es cierto que los viajes a la región se sucedieron este año, acompañados de un intenso seguimiento a la Asociación Transpacífico TPP que tanto interesa a Washington.

   El propio Obama emprendió en mayo su segunda gira por América latina, a México y a Costa Rica, donde se reunió con todos sus pares centroamericanos. Además, el mandatario recibió en la Casa Blanca a los presidentes Sebastián Piñera de Chile, Ollanta Humala de Perú y Juan Manuel Santos de Colombia.

El enojo de Dilma. La lista habría engordado aún más con la visita con rango de Estado —el más alto honor protocolario— que se había preparado para la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, para octubre, pero que fue aplazada sine die a raíz de la indignación brasileña con el escándalo de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) revelado por el informante Edward Snowden, un tema que amenaza con seguir nublando las relaciones en 2014.

   También el vicepresidente, Joe Biden, realizó varios viajes a la región, mientras que el secretario de Estado, John Kerry, se plantaba en la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Guatemala en junio con el objetivo —hasta ahora infructuoso— de relanzar las relaciones con Venezuela en un encuentro a puertas cerradas con el canciller Elías Jaua, además de viajar a Brasil y Colombia en otra gira.

   Más aún, en un discurso ante la Organización de Estados Americanos (OEA) en noviembre, el jefe de la diplomacia estadounidense formalizaba la estrategia ya desarrollada por el gobierno de Obama al proclamar formalmente el “fin de la doctrina Monroe”, recordada por la famosa frase «América para los americanos». Kerry intentaba sintetizar que la era en la que Estados Unidos actuaba como protector de esta región habia terminado para dar paso a una relación “entre iguales”.

   Con todo, persiste en la región —y entre los expertos— la sensación de que para Washington, América latina sigue sin despertar el mismo interés y esfuerzos que otras regiones. Como muestra, recuerdan que de los 19 viajes que Kerry hizo en sus ocho meses en el cargo por todo el mundo, sólo dos fueron a la región. “Están completamente equivocados”, replicó Kerry en una entrevista esta semana con la cadena CNN en español.

Relaciones “positivas”. Si el número de visitas a la región es sustancialmente menor a las de otras zonas es “porque tenemos una relación muy fuerte con América latina” que no requiere de tanta presencia, aseveró. “Creo que francamente tenemos relaciones muy positivas”, insistió el secretario de Estado.

   Para Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, uno de los centros de pensamiento sobre las relaciones de Estados Unidos con América latina más influyentes de Washington, el gobierno de Obama “merece crédito por sus buenas intenciones” y viajes este año.

Distracciones. Mas existe un “pero”, apostilla. “Aunque (las intenciones y viajes) no carecen de significado y se comparan favorablemente con otros momentos en la política latinoameriana de Estados Unidos, no significan lo mismo que una atención centrada y sostenida”, recordó. “Ha faltado una sustancia real” tras las palabras, subrayó.

   Cierto es —y así lo reconoce Shifter— que en 2013 el gobierno de Obama tuvo suficientes “distracciones” con otras crisis mundiales como la guerra en Siria o el escándalo de la NSA que tanto ha perjudicado su imagen y diplomacia, también con la región.

   Pero también falta, según otros estudiosos, un verdadero acercamiento a los problemas que realmente interesan a la región latinoamericana, como alternativas en la lucha contra las drogas o el crimen organizado. Por no hablar de un verdadero cambio de la “desfasada” política hacia Cuba, más allá de gestos y palabras, según recordó tras el sonado discurso del secretario de Estado John Kerry en la OEA la directora de la Oficina en Washington para América Latina (WOLA), Joy Olson.

Abismo. “Estados Unidos puede hablar todo lo que quiera de la muerte de la Doctrina Monroe y cómo todos somos socios iguales en el hemisferio, pero los constantes actos de «excepcionalismo» (como Guantánamo o el espionaje) y el debate migratorio, con el elemento visual del «muro» en la frontera con México, le sigue recordando al resto de las Américas que puede que Estados Unidos quiera estar cerca, pero no demasiado cerca”, destacó Olson al evaluar para dpa las relaciones de Washington con la región. “Sigue habiendo un abismo entre las principales preocupaciones de Estados Unidos y las mayores prioridades de la agenda de la región”, coincide Shifter. “Cerrar esa brecha no ha sido fácil y requiere muchos más esfuerzos e imaginación de Washington, así como de las capitales latinoamericanas”, señaló.

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