Las víctimas ignoradas de Jesús María
El ritual se inicia en el primer mes del año. Desde hace 51, Jesús María se convierte por dos semanas en el sitio donde la exhibición del maltrato animal se hace sin pudor.

Miércoles 13 de Enero de 2016

El ritual se inicia en el primer mes del año. Desde hace 51, Jesús María se convierte por dos semanas en el sitio donde la exhibición del maltrato animal se hace sin pudor. Cada 365 días comienza el Festival de Doma y Folclore. Sus dos caras contradictorias desde sus raíces son fácilmente percibidas. Delante, las luces que descienden del escenario, se extienden sobre los asistentes, definiéndolos con claridad. Por delante las cuerdas y los cantos de los artistas populares vibran en el aire elevando loas de homenaje a la vida y al amor. La música se aligera, asciende y se desgrana lentamente, enamorando a su público adicto. Mientras, por detrás y en la oscuridad, se agita la sombra de los caballos. La memoria del dolor está acuñada en cada una de las partes de sus cuerpos, en sus pescuezos, en sus ojos, en los flancos, en los lomos. Dolor ante el látigo impúdico cayendo una y otra vez, insensible y sin atenuantes. Dolor de cincha apretada que despierta la llama lacerante de antiguas cicatrices nunca cerradas. Dolor de víctimas ignoradas en un duelo donde todas las armas están a disposición del opresor, humano, por supuesto. Detrás están el dolor, la penumbra y el silencio. La tortura es la tradición de los pueblos débiles. La tortura es la cultura de los violentos que gozan con el abuso y la humillación de los idefensos. La crueldad hacia los animales es un indicador temprano del maltrato doméstico, de la violencia de género y de la delincuencia. Catalogada como deporte por los legisladores de la provincia de Córdoba, que seguramente no se habrán sonrojado en momentos de sancionarse la norma, debe ser el único deporte que envilece y denigra a quien lo practica, en desmedro de la humanidad y de los valores positivos que conlleva la actividad. Usar el fuego sagrado encendido hace tiempo en Grecia y, renovado cada día, en todos los rincones del planeta, por personas que luchan contra sus propios límites para encubrir la opresión del animal y abusar de su fragilidad en pos de un espectáculo bochornoso resulta inconcebible. Igualmente es irracional gastar millones de pesos del erario municipal, provincial y nacional en sostener una manifestación que violenta la esencia de lo humano. No creo que ningún argentino se sienta honrado por esas expresiones de agresión y maltrato impune hacia los caballos. ¿Es esta la imagen de nosotros que queremos ofrecer? Estoy segura que la inmensa mayoría de los habitantes del país reniega de esta práctica y del uso de animales en espectáculos. Por alguna razón, fácilmente comprensible, los zoológicos y circos, con protagonistas no humanos, están en vías de extinción. Sólo falta la decisión compartida y organizada del colectivo social unificado para imponer la prohibición de estas exhibiciones que atentan contra la dignidad de los seres vivos. Recordamos al respecto el mensaje preciso y consistente del Simone de Beauvoir: "El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos".

Felisa Aurascoff / Asociación Animalista Mahatma Gandhi