Jueves 31 de Marzo de 2011
Parece que en las tardecitas y noches de Pichincha está de moda dejar el auto importado justo en la esquina del bar, bien en la bocacalle, donde moleste lo más posible y donde lo pueda ver el dueño mientras se seca la transpiración. Arrojan el vehículo presidiendo la esquina por la fuerza, a lo niño malo de patota yanqui, sin que ningún inspector municipal se atreva ni siquiera a pasarle cerca. Y si una rueda pisa la senda peatonal, mucho mejor. Estos autos, repito, muy de moda en las esquinas de Pichincha en el happy hour, tienen olor a jugador de fútbol, a cincuentón recién separado, a niño cocainómano de papá inmensamente rico, a persona de ingresos no declarables ante la Afip. El resto, damos 58 vueltas para no dejar el auto en línea amarilla ni importunar el garage de otro, respetamos las reglas y sólo nos importa que nos vean aquellos amigos que queremos que nos vean, a quienes no les importa en qué llegamos hasta allí.
Julia Sánchez