Lunes 16 de Enero de 2012
El señor Guillermo Laura, conocido desde hace años por su plan de construcción de autopistas, sostiene que las rutas de mano y contramano son "rutas de la muerte" porque la muerte, precisamente, es la consecuencia natural en ese tipo de obsoletas estructuras carreteras. Afirma que la alta velocidad, la imprudencia y los desperfectos mecánicos, son menos determinantes que la configuración de una estrecha calzada separada por una línea amarilla. Claro, en una ruta de mano y contramano, una maniobra peligrosa puede terminar en un choque frontal con fatales resultados. Sin embargo, desde que se inauguró la autopista Rosario-Córdoba, aumentaron los accidentes en relación a los que se producían en la vieja Ruta 9. ¿Cómo se explica esta paradójica realidad? ¿Cómo es posible que un conductor estrelle su vehículo contra el que lo antecede por el mismo carril? En una autopista no existe el riesgo que significa el sobrepaso en las rutas comunes, en estos tiempos en los que hasta los camiones y colectivos desarrollan importantes velocidades. No obstante, despistes, vuelcos y choques múltiples son noticias que aparecen con preocupante asiduidad, a partir de lamentables sucesos de tránsito originados en las tres autopistas de nuestra región de Rosario; de donde se infiere que aún con la mayor seguridad que representa una autopista o autovía, la precaución es siempre imprescindible. El cansancio que deriva en desconcentración y en el peligrosísimo sueño; los efectos del alcohol, y la irresistible tentación de hundir más y más el pie en el acelerador, producen hechos ruteros muchas veces gravísimos. Es cierto, las autopistas dan una oportunidad más que las rutas comunes; pero la mejor oportunidad debe provenir de nosotros mismos. Una de las diferencias para un conductor, entre un viaje placentero y la tragedia está en descansar bien, en no beber alcohol, y en no dejarse seducir por el acelerador, esa palanca derecha.
Edgardo Urraco