Miércoles 02 de Noviembre de 2011
Imagínense que las bonitas palomas son ratas. Que si son muy bonitas, que si mira como vuelan, que si son blancas y por ende puras: falacias, mentiras y chorradas. Las palomas torcazas, queridos lectores, son las ratas del cielo. Una ciudad con palomas urbanas es una ciudad infectada que sufre auténtica plaga cuasi bíblica y lo que es peor un problema grave de salud pública. Lo preocupante no es que las autoridades municipales pasen del tema olímpicamente (pues su obligación es pasar olímpicamente de todo), sino que encima haya gente que las alimente de una manera altruista. ¿Daría usted de comer a una rata? Como supongo que se preguntarán por qué mi odio a las palomas, acá van unos datos: enfermedades transmitidas por las palomas: climadiasis, psitsacosis, alergias varias, tuberculosis atípica, histoplasmosis, ornitosis, lambiaseis, salmonelosis y criptococosis, numerosos parásitos que portan estos bichitos. Se calcula que en nuestras ciudades entre un 30 y un 40 por ciento de las palomas tiene un parásito contagioso. Ahora empiece a pensar: paloma que hace po po en un parque público, este po po entra en contacto con la arena de la zona de juegos para niños, el niño juega con la arena, la manita del niño va a la boca, el resto se lo pueden imaginar. Y no sólo eso. Además de destrozarnos la existencia en cuanto a salud se refiere, los excrementos de estas bestias aladas son un excelente caldo de cultivo para el crecimiento de mohos y las sales que contienen deterioran los edificios históricos a una velocidad de vértigo. Son una verdadera plaga, ya que a diferencia de la paloma doméstica se reproducen a pasos agigantados. La situación es verdaderamente desesperante, viven mucho más de 10 años, se multiplican a pasos agigantados, destrozan las plantas, ensucian barandas, macetas, ropa tendida. Nada las detiene. Son una pesadilla. Es un problema que la Municipalidad debería encarar seriamente.
Graciela Ileana Fidélibus