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Las pinturas diferentes de un artista de 37 años con síndrome de Down

En la obra plástica de Leonardo Germán Carrió, un joven de 37 años y diez de alumno de la Escuela Municipal de Artes Plásticas Manuel Musto, hay un poco de todo esto.

Domingo 21 de Abril de 2013

Flores, frutas, rostros, formas, texturas, personajes, retratos, barcos, imágenes de la muerte y paisajes. En la obra plástica de Leonardo Germán Carrió, un joven de 37 años y diez de alumno de la Escuela Municipal de Artes Plásticas Manuel Musto, hay un poco de todo esto, pero sobre todo hay color. Los trabajos del artista, materializados en pinturas, xilografías, grabados y collages, rompen por completo con el blanco de tres paredes de la sala del primer piso de una escuela pública que es toda una marca de trabajo creativo y respetuoso de la diversidad en barrio Saladillo, corazón de la zona sur de Rosario.

   Carrió es un muchacho con síndrome de down, pero “Color primario” no se expone como estímulo complaciente. Su muestra, que puede verse en Sánchez de Bustamante 129, de 8 a 12 y de 15 a 21, hasta el 31 de este mes, “está conformada por una obra sólida, donde a primera vista se observa que el color lo apasiona y emerge como un elemento articulador y compositivo central en la imagen; y en su repertorio temático narra en forma personalísima tópicos clásicos como el paisaje, el retrato y la naturaleza”, explica Eladia Acevedo, su primera docente.

   La Capital recorrió la muestra de la mano de Leonardo una hora antes de la inauguración oficial que tuvo lugar el miércoles. Hubo que esperar que guardara las herramientas de su clase de Cerámica, una de las que asiste actualmente: la otra es Historia del Arte. “Estoy haciendo una fuente, este es el boceto”, muestra el objeto de prehorneado y explica. Todo lo detalla Leonardo: sin puntos ni comas y pormenorizadamente.

   Frente a los trabajos de su exposición elegirá comenzar con unas aguafuertes de 2011. Contará cómo se hacen esos grabados en chapa donde a veces en grises y otras en colores como los de Matisse se verán unos peces que parecen los de las obras de Joaquín Torres García. Pero Leonardo no hablará ni del pintor francés ni del uruguayo al momento de apuntar modelos. Dirá que sus elegidos son tres: Rembrandt, Picasso y Van Gogh.Y bromeará con uno más: “Yo soy Leonardo... Da Vinci”.

   Contará que en su casa tiene muchos libros y como en un ida y vuelta entre varios lenguajes explicará que los lee y pinta y que pinta cuando los lee. No dejará de mover las manos durante todo el recorrido y se parará frente a todas sus pinturas. Frente a dos retratos femeninos dirá que uno es de Evita y otro de una mujer “imaginada”. Y frente a dos rostros rojos de muerte señalará a “los malos”. Mostrará también un cuadro que es todo “un homenaje al taller de color”, donde se ven monocromías, círculos, pasajes de grises y rosas. Y frente a una naturaleza muerta señalará dónde él ve una ventana, una jarra y una botella; objetos con los que hilará una historia. Lo mismo hará con dos paisajes muy verdes inspirados en un viaje que hizo a Misiones. Contará por qué fue allí, qué vio y las fotos que sacó, otra pasión.
Mientras Leonardo da cátedra sobre su obra se acercan su mamá, Lidia, y uno de sus dos hermanos menores, Guillermo. Ambos contarán que Leonardo no para de crear. Y que tiene tanta obra acumulada que debieron construirle un entrepiso en su pieza, para instalar su taller. “Salgo de trabajar y sigo pintando en casa o vengo acá, a la Musto”, comenta Leonardo abriendo paso a otra parte de su vida, la de operario del Taller Protegido de Villa Gobernador Gálvez, donde produce aceitunas, pickles y otros comestibles para vender.

   Leonardo vive en esa ciudad, pero hace una década que recorre los talleres de la Musto. Allí cursó Dibujo, Pintura, Escultura, Madera, Grabado, Serigrafía, Heliocopia y Proyecto. Y su mamá rescata esa contención.

   “Recuerdo cuando lo traje a la primera clase. El se presentó y habló y habló. Su docente le dijo: «Bueno, Leonardo, ahora va a hablar el resto de los compañeros». Me encantó, escuché eso y me fui tranquila. Me dije «en este lugar no lo sobreprotege ni lo ignoran, es el lugar»”.

   Y lo que le sonó como predicción a la mujer se plasmó en este espacio desde donde Leonardo preparó en la última década varias muestras colectivas e individuales que exhibió en esta ciudad y en otras de la provincia de Córdoba. “Color primario” es la segunda muestra individual de un alumno que se expone en la Musto: una obra y una escuela que merecen ser visitadas.

L.V.

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