Viernes 16 de Mayo de 2014
El submarinista Alberto Nava, que trabaja en California, EEUU, y sus colegas mexicanos Alex Alvarez y Franco Attolini, exploraban en mayo de 2007 una cueva llena de agua cristalina en la península de Yucatán, a ocho kilómetros de la costa del Caribe. Recorrieron un túnel inundado de kilómetro y medio y desembocaron en una gran cámara llena de agua y tan oscura que la bautizaron Hoyo Negro.
Regresaron dos meses después con potentes focos para investigar la caverna y allí vieron, en el fondo, a unos 40 metros de profundidad, junto a restos de animales, un cráneo humano. "Estaba sobre un saliente, hacia arriba, con un conjunto perfecto de dientes y las oscuras cuencas de los ojos mirándonos", recuerda Nava.
Así arrancó el proyecto científico de Hoyo Negro y los científicos y los buceadores presentan ahora en Science el esqueleto de Naia con todas las respuestas que aporta sobre los albores de la historia humana en América. La chica está emparentada con los cazadores-recolectores del noreste de Asia.