Domingo 26 de Julio de 2009
El ataque fue a una escala que no se veía en Guatemala desde el fin de la guerra civil hace casi dos décadas y muestra la expansión de los carteles mexicanos. Un barón de las drogas guatemalteco, Juan José “Juancho” León, se adentró en el área de recreación La Laguna, en Río Hondo, a pocas horas al este de la ciudad de Guatemala, convocado por traficantes mexicanos para lo que le habían dicho era una reunión de rutina.
Cerca de 40 a 50 atacantes, incluyendo ex soldados de las fuerzas especiales de Guatemala y México, barrieron con los escoltas de León lanzando granadas y más de 1.500 balas de fusiles de asalto AK-47.
“Dos autos se quemaron. Sus tanques de gas fueron perforados y explotaron y la gente dentro, los guardaespaldas de Juan León, se incineraron”, dijo un investigador internacional, hablando a condición de anonimato por razones de seguridad.
León murió junto a otras 10 personas en la emboscada del 10 de marzo del año pasado, la cual envió un claro mensaje: Los Zetas, una de las más feroces bandas de narcotráfico de México, controlarían ahora a los traficantes en Guatemala.
El resto del año la banda se dedicó a captar al resto de los pequeños grupos guatemaltecos que antes sacaban una tajada de las ganancias por la cocaína traída desde Sudamérica y que ayudaban a contrabandear hacia el norte del hemisferio, luego que la droga llegara en aviones y botes, según el investigador.
Varios de los perpetradores de la matanza fueron arrestados, entre ellos Domingo Choj y Héctor Rolando Toj.
Las bandas narcotraficantes mexicanas están expandiendo internacionalmente sus tentáculos como nunca antes, apelando a la violencia e imponiendo la corrupción en democracias de por sí débiles, que con frecuencia no están equipadas para responder a este flagelo, de acuerdo con funcionarios.
Esos carteles mexicanos se están moviendo “a los países que tienen normas débiles y no tienen una infraestructura para hacerle frente al narcotráfico”, dijo Luis Enrique Montenegro, un general retirado de la policía colombiana que ha asesorado a México, Honduras y otros gobiernos sobre cómo luchar contra el tráfico de drogas.
Las mafias mexicanas están ganando presencia en América Central, amenazando a estados ya frágiles debido a la corrupción. En la región andina, la zona productora de cocaína, las bandas aztecas se están involucrando más directamente con el negocio. Y han comenzado a echar manos de países tan lejanos como Argentina para conseguir precursores para las metanfetaminas.
Los mafiosos mexicanos han sido detenidos en lugares tan distantes como Malasia y Australia, donde buscan nuevos mercados para la cocaína y fuentes de recursos para sus “metas” anfetaminas.
Las bandas mexicanas operan ahora en 47 países, de acuerdo con el experto en delincuencia internacional Edgardo Buscaglia, profesor del Instituto Tecnológico Autónomo de México (Itam). La expansión sin precedentes siguió a la embestida militar implantada en 2006 por el mandatario de México, Felipe Calderón, contra los traficantes en su país y el arresto y extradición de los proveedores colombianos.
Y donde vayan, los traficantes mexicanos llevan nuevos niveles de violencia y corrupción.
“Hay más traficantes mexicanos en Suramérica hoy en día que en cualquier otro momento”, dijo Jay Bergman, el director andino de la DEA (la administración de lucha contra las drogas en Estados Unidos).