Las islas Malvinas
La exploración unilateral de hidrocarburos que Gran Bretaña está llevando a cabo en derredor de las islas Malvinas llevó a la presidenta de la Nación a dar un duro discurso en la cumbre del Grupo Río en Cancún, México. Como era de prever, la Argentina recibió un amplio respaldo.

Domingo 28 de Febrero de 2010

La exploración unilateral de hidrocarburos que Gran Bretaña está llevando a cabo en derredor de las islas Malvinas llevó a la presidenta de la Nación a dar un duro discurso en la cumbre del Grupo Río en Cancún, México. Como era de prever, la Argentina recibió un amplio respaldo. Lamentablemente, la política internacional se rige por la brutal ley que desde siempre rige en la selva: el más fuerte impone su voluntad. A Gran Bretaña poco le importa la reunión en Cancún, así como en 1982 poco le importó el cúmulo de reuniones que se hicieron en este continente para respaldar a nuestro país. Probablemente tampoco le importe la opinión de los kelpers, salvo que eventualmente fortalezca su posición. Existe, a nivel internacional, un estado de naturaleza similar al elucubrado por Hobbes en su Leviatán para describir las sociedades nacionales. Pese a que existe la ONU, la historia ha demostrado que el mundo se rige por la voluntad de aquellos países que triunfaron en la Segunda Guerra Mundial. El accionar de Gran Bretaña sobre el petróleo malvinense cuenta, seguramente, con el apoyo de los Estados Unidos y de los más importantes países de Europa. Lo mismo pasó en 1982. En su discurso en Cancún la presidenta demostró poseer un exacto conocimiento de las relaciones internacionales, lo cual es fundamental si la Argentina pretende que algún día Gran Bretaña se siente a negociar la soberanía. A mi entender, es altamente improbable que ello suceda. En consecuencia, me parece que lo mejor que puede hacer el gobierno nacional es no crear falsas expectativas y utilizar el amplio apoyo que la "causa Malvinas" goza a nivel internacional para demostrarles a los poderosos del mundo que la Argentina no está sola. A ningún argentino le gusta lo que está haciendo en estos momentos Gran Bretaña, pero a nada conducen la demagogia y las bravuconadas. Lamentablemente, no se pueden desafiar las reglas del sistema internacional sin pagar las consecuencias. En 1982 las pagamos. ¡Y de qué manera! Sólo con paciencia, racionalidad y una extrema prudencia, la Argentina tendrá alguna mínima chance de que en un lejano futuro las islas Malvinas sean tratadas en una mesa de negociaciones.

Hernán Andrés Kruse

hkruse@fibertel.com.ar