Martes 12 de Enero de 2016
Un nuevo gobierno, que se lo visualiza como ordenador y respetuoso del sistema republicano de gobierno llegó, y un renacer de la esperanza de vivir en un país que valore, actualice y use adecuadamente a sus instituciones, y entre ellas, como último recurso para la supervivencia del Estado, a sus Fuerzas Armadas (FFAA). La política efectuada por el anterior gobierno tuvo como fin "civilizar" a las FFAA, imponiéndole normas e instrumentos de la sociedad civil que terminaron aniquilando la función verdaderamente guerrera de las mismas, minando su disciplina, la formación del carácter, el adecuado entrenamiento, el orgullo de pertenecer (ya no se ven soldados de uniforme) y el espíritu de defensa. Urge tomar medidas para que se reafirme la especificidad de la función militar. La degradación de nuestras FFAA no ha sido sólo en el plano singular, lo es también en el material, y eso surge con simples comparaciones con otros funcionarios civiles cuyas remuneraciones aumentaron mucho más que la del militar en quién la sujeción profesional es mayor. Sólo tres empleos del Estado requieren aprobación del Senado, los oficiales superiores, los jueces y los embajadores, y no obstante, las diferencias salariales de los últimos con los primeros, son abismales.
Jorge Augusto Cardoso