Lunes 25 de Agosto de 2014
Las crecidas de los ríos deben considerarse como una compasión natural, que expande y beneficia a todos los lugares donde llega. Los ríos poseen un territorio natural en el cual deslizan sus aguas, es el cauce, un derecho que el hombre debe respetar, de manera tal que sus emprendimientos no deben avanzar sobre un terreno que no le pertenece. De hacerlo, se deben considerar la variabilidad del terreno que se está usurpando. Los ríos se estudian en sus diferentes tramos, curso superior, medio e inferior, considerando los diferentes aportes (arroyos, lagunas, entre otros) que van teniendo en su trayectoria, y por supuesto las fuentes principales que son sus nacientes. Se calculan caudales promedios y sus variaciones (máximos, mínimos, excepcionales), velocidades de sus aguas, calidad y cantidad de sedimentos que arrastran, entre otros ítems. El hombre debe realizar sus emprendimientos teniendo bien en cuenta estos derechos naturales del río para la obtención de una buena convivencia. La legislación mundial ha contemplado desde hace muchos siglos los derechos de la propiedad fluvial, consiguiendo el hombre vivir en compañía del río con mucho beneficio y bienestar, respetando debidamente esos derechos. Uno de los aportes más significativos que tienen las crecientes es el llenado de reservorios de agua que después serán utilizadas en épocas de sequía. Es una de las maneras de retener y aprovechar la gran masa de agua que los ríos eliminan en su desembocadura al Océano, donde encuentran el fín de sus vidas. Adecuados canales de uso permanente o periódicos, podrían derivar las aguas hacia terrenos donde se pueda utilizar ese anegamiento o hacia capas de aguas subterráneas receptoras de grandes cantidades de agua. Las catástrofes y destrucciones de las crecidas son causadas por el desconocimiento que tiene el hombre de cada río: su territorio natural, que es variable y aleatorio.