Las cosas son como son
Las declaraciones del padre Ignacio sobre la homosexualidad han provocado críticas. Sin duda sus críticos no han hecho ni la milésima parte del bien que dicho sacerdote ha efectuado a...

Jueves 12 de Abril de 2012

Las declaraciones del padre Ignacio sobre la homosexualidad han provocado críticas. Sin duda sus críticos no han hecho ni la milésima parte del bien que dicho sacerdote ha efectuado a sus semejantes. Sus capacidades o fuerzas para ello emanan de la fe que profesa y propaga. Pero sobran las razones para desfavorecer la homosexualidad con independencia de las creencias religiosas. En primer lugar constituye una anormalidad en el sentido que los homosexuales son una pequeña minoría. Ello de por sí no es negativo ya que los genios también son anormales, es decir hay anormalidades positivas y negativas. Pero la homosexualidad es una anormalidad negativa porque atenta contra la naturaleza y la sociedad. Es así porque en todas las especies vivientes la sexualidad está para la propagación de la especie siendo el placer o deseo la carnada para fornicar y es obvio que en el acto homosexual es imposible procrear. Es cierto que la sexualidad humana es más compleja que la de otras especies y que abarca diversos componentes físicos, psicológicos, culturales y sociales; es medio de comunicación, exteriorización de amor, dominio o sumisión. Por lo expuesto las posturas de los activistas homo de desacreditar las objeciones hacia esa práctica reduciéndolas a ideología religiosa son erradas y oscurecen el debate. Entonces, la homosexualidad es una patología. Según algunos se nace homo o se tiene predisposición a serlo lo cual se potencia o concreta según diversas circunstancias de la vida. Entonces estaríamos ante una enfermedad, hipótesis que rechazan los activistas gays. Según otros sería una elección en cuyo caso sería un vicio como otros. Sea la causa una u otra hay quienes afirman que se puede curar o corregir y de cualquier manera es inaceptable que algunos homos se pavoneen de su condición, enfermedad o vicio o que pretendan equipararla ética y sociológicamente con la heterosexualidad y que la sociedad y sus instituciones permanezcan indiferentes al respecto. Muchos activistas gays son agresivos e intolerantes. Así en España han pretendido evitar la edición y venta de un libro que propugna curar la homosexualidad y asimismo han hostigado a clínicas que ofrecen ese servicio. Y aquí recordemos los excesos (pintadas y cantos agraviantes) producidos en diversas reuniones anuales en distintos puntos del país que realizan las ultrafeministas partidarias de la homosexualidad, el aborto y otras yerbas. Las cosas son como son independientemente de nuestras creencias o deseos.

Raúl Miguel Ghione