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Las cooperativas regionales vuelven al sistema bancario

Los casos de Coinag y Bica, entidades que fueron bancos cooperativos, se replegaron en los 90 y ahora hacen pie en el circuito tradicional.

Domingo 01 de Septiembre de 2013

La crisis de financiamiento a las pequeñas y medianas empresas y a las economías productivas del interior sobre lo cual vienen alertando los dirigentes del sector —esa fue una de las principales demandas de la cámara sectorial (Came) durante la reunión con la presidenta Cristina Fernández— volvió a enfocar la atención hacia la banca regional, un segmento relegado dentro del sistema financiero y que hoy empieza a tomar protagonismo en función de una demanda que exige tiempos más ágiles y una mirada más autóctona.

   En ese sentido, y en una movida que conjuga convicción pero también mucho de necesidad, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) autorizó a dos cooperativas que operan en la región Centro, primero a Bica a fines de 2012 y recientemente a Coinag, a funcionar como bancos comerciales con la idea de atender un mercado al que, según aseguran desde las pymes, no llegan las entidades que operan en el sistema financiero tradicional.

   Nacidas primero como cajas de crédito, luego convertidas en bancos cooperativos en la década del 70, obligadas a salir del negocio durante el gobierno menemista, y tras casi una década y media funcionando como cooperativas financieras, los ahora dos nuevos bancos comerciales, Bica y Coinag, apuntan a recuperar sus orígenes y enfocarse en las pymes, su primario objeto social.

   “En 2012 el BCRA entendió que era una necesidad llegar a las pymes con mayor intensidad y autorizó a Bica Cooperativa de Emprendimientos Múltiples Limitada a funcionar como banco comercial bajo la forma de una sociedad anónima, conformada en un 100% del paquete accionario por la cooperativa”, precisó Hugo Baroni, subgerente general del Banco Bica. “Se da un manejo de sociedad anónima pero se trabaja con la filosofía del cooperativismo”, aclaró el directivo.

   En la misma tónica, el 1º de agosto pasado la autoridad monetaria también autorizó a la cooperativa Coinag a funcionar como banca comercial. “Creemos que este tipo de banca regional lamentablemente durante estos años estuvo ausente pero presta servicios importantes”, apuntó el presidente del directorio de esa entidad, Hernán Sefusatti, quien consideró que “satisface necesidades de determinados segmentos al que la banca tradicional no está llegando correctamente, ya que las entidades hoy están sumidos en el scoring y descuidan a las personas, que para nosotros son lo más imporante”.

   Con esa premisa, que según señalaron ambos directivos nunca abandonaron, las cooperativas decidieron dar el salto nuevamente a la banca tradicional, pero el BCRA se tomó su tiempo para dar la venia a este nuevo status. De hecho, el Bica solicitó en 2005 la autorización para operar como banco comercial y el Coinag lo hizo en el año 2006 y recién en 2012 y 2013 obtuvieron respectivamente el permiso de la autoridad monetaria para hacerlo, con las mismas exigencias de liquidez y capitalización a las que están sometidas todas las entidades que funcionan en el sistema financiero.

   Esta situación fue calificada como “promisoria” por Mario Schujman, co director de la maestría en entidades de la economía social que dicta la Universidad Nacional de Rosario. Para el experto en la materia, “es una buena noticia que empiecen a abrirse bancos en el interior porque hoy el sistema está concentrado en Buenos Aires”, pero advirtió que se trata de un paso “tibio” ya que “las condiciones que determinaron en su momento la caída de la mayoría de los bancos cooperativos subsistiendo”.
  Para Schujman, “la idea básica que subsiste es no correrse de Basilea (las exigencias mínimas de capitalización bancaria)”, lo cual habla de un sistema financiero, que salvo algunas modificaciones en la ley orgánica del BCRA, “sigue siendo el mismo que hizo morir a las cajas de crédito cooperativas”, dijo (ver aparte).
  Baroni explicó que las exigencias de capitalización para operar como banco comercial son de 15 millones de pesos y explicó que Bica arrancó con un capital de 33 millones de pesos y lo aumentó en 8 millones más desde octubre del año pasado, cuando comenzó a operar. “Debido al volumen de la cartera a atender y las pretensiones que tenemos en cuanto la oferta para pymes e individuos, familias y profesionales, comenzamos con un capital mayor”, dijo el ejecutivo y aclaró que esto provino de los fondos que provenientes de la venta del anterior Banco Bica cooperativo al entonces Banco del Suquía. “Quedó esa suma de dinero importante que la cooperativa la conservó a pesar de la crisis y lo aportó como capital para el nuevo banco”.
  Aunque abandonaron la forma societaria de banco cooperativo en la década del 90, en un proceso de fusiones y adquisiciones que concentró y extranjerizó el sistema financiero argentino, las entidades regionales mantuvieron un perfil de negocios orientado a las economías regionales. “Gracias a que pudimos conservar bien el capital fruto de la venta del paquete accionario del banco, seguimos funcionando dándole servicios a nuestros asociados de la cooperativa y atendiendo a las regiones originarias de los distintos distritos como Rosario, Capitán Bermúdez, San Lorenzo, Puerto San Martín, Timbués, entre otros”, dijo Sefusatti de Coinag.
  “Coinag nació como banco en el año 1978 y dese entonces siempre estuvimos pensando como un banco y si decidimos dar este paso —volver a funcionar como tal— fue para fondear fondos de terceros y ampliar la operatoria, un límite que teníamos como cooperativa”, dijo.
  También desde el Bica recorrieron un camino similar. “Después de 1997 desde el Banco Central impulsan la extranjerizacion del capital, pensando que las casas matrices de los banco con los cual nos asociábamos traerían los dólares ante situaciones de crisis como las del efecto Tequila”, rememoró Baroni. “Debido a eso y porque vimos que la convertibilidad no iba por buen camino, el consejo de administración del Bica decidió vender el paquete accionario al Banco de Suquía, que era de capitales nacionales, regional, y tenía casa central en Córdoba. En ese momento sólo le pedimos que siga atendiendo con servicios financiero a las pymes y nuestros clientes que, en definitiva, eran los asociados a la cooperativa”, agregó.
  Para Baroni, la aprobación del Banco Central para que las cooperativas vuelvan a operar como bancos es una muestra de que la autoridad monetaria “percibe que los bancos regionales que están en contacto y cerca de las pymes son los que mejores conocen las necesidades de las empresas y sus directivos convivimos con la comunidad”.
  “Tenemos la decisión pegada a la acción, se toman acciones rápidas, algo que toda empresa necesita”, agregó y confió que este es el máximo capital que pueden ostentar. “Tenemos un lema que dice: «No permita que sus ahorros emigren, deposite en Banco Bica», porque los depósitos se vuelcan a la región y esto permite dinamizar la economía regional”, dijo.
  En ese sentido Sefusetti consideró que “tiene que haber una banca de interacción directa con el cliente y la banca regional lo hace”. Indicó que se encuentran “en el corazón agroexportador de la Argentina” y señaló que “ si fuimos prestadores de servicios de todas las compañías exportadoras, aspiramos a volver a serlo”.

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