Martes 09 de Junio de 2015
Las miserabilidades humanas con las que nacemos, codicia, envidia, mezquindad, avidez, egoísmo, cicatería, un combo que nos hace perfectamente vulnerables ante el dinero. Está visto que para el mal no hay fronteras, la necesidad diabólica de bienes terrenales nos hace descontroladamente insolentes y criminales sin importar nada. Muchos de nosotros sometidos al poder de atracción que ejerce el vil metal, admiramos y adulamos aquellos que tienen la posesión del mismo y pocos escrúpulos. Hoy por hoy vemos como se descubre una trama facinerosa que ha vendido y montado una mise en scene durante años para robar. Decía Aristóteles que para que el individuo sea bueno no es necesario que la razón nos deba mostrar la conducta justa, una persona no es buena si no ha sido disciplinada y entrenada para realizar lo correcto aún cuando la razón le enseñe lo que es preciso hacer. Qué verdad, que asquerosa y repugnante verdad, se pierden los estribos en detrimento del prójimo, más acá en nuestra tierra, un visionario de nuestro pensamiento, Discépolo, en Cambalache decía que "el mundo fue y será una porquería, ya lo sé, en el quinientos seis y en el dos mil también; que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos, contentos y amargados, valores y duble… ¡todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor…los inmorales nos igualao…uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da los mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón". Dirigentes, futbolistas y botineras, que más da. Sí estos delincuentes quedan desocupados sugiero que armen una lista para las próximas elecciones, al menos son sofisticados e idóneos en la tarea de robar nadie se dio cuenta o eran muchos los implicados.
Roberto Rubén Sánchez / DNI 8.634.022