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Las armas y el caos en Libia alimentan al extremismo islámico en Argelia y Mali

Al Qaeda ataca en Africa. Desde la muerte de Kaddafi se inició un descontrolado flujo de material bélico hacia las zonas vecinas en conflicto en el Magreb .  

Domingo 20 de Enero de 2013

Desde la muerte de Muamar Kaddafi hace 15 meses, las armas de su ejército y de las brigadas revolucionarias libias que lo combatieron han recorrido muchos kilómetros. La mayoría de los libios no tiene ningún problema moral con que buena parte de los cohetes, lanzagranadas y armas de asalto hayan acabado en Siria y en la Franja de Gaza palestina.

Tanto la población como el gobierno del país simpatizan con Siria y los objetivos de los revolucionarios sirios, así como con la insurgencia palestina contra Israel. Lo que sí les parece más cuestionable a los libios es que las armas que al final de la guerra civil estaban por todas partes, sean utilizadas hoy por terroristas islámicos en Mali y en Argel.

En los últimos doce meses Egipto ya ha interceptado varios suministros de armas procedentes de Libia que normalmente llegan a Gaza por los túneles para pasar contrabando. También en Túnez han interceptado arsenales en los que se guardaban armas de Libia.

Que el gobierno libio no haya prohibido el tráfico de armas no significa que esté cooperando con los grupos de milicianos islamistas, sino más bien que los diversos gobiernos de transición que han estado en el poder desde la caída de Kaddafi han sido demasiado débiles como para frenar el contrabando.

El director del International Crisis Group para el Norte de Africa, William Lawrence, señalaba en septiembre pasado, tras el asesinato de su amigo el embajador estadounidense Chris Stevens en un ataque de islamistas en la ciudad libia de Bengazi: "El problema principal en Libia es que todavía no tiene un Estado que funcione plenamente, pues Kaddafi lo había dispuesto todo para que ese Estado se desmonara. El ejército y la policía se encuentran en una situación desoladora". A ello se suma que algunos insurgentes que en 2011 arriesgaron su vida por derrocar a Muammar Kaddafi consideran que el nuevo Estado libio está en deuda con ellos. Y es por eso que les parece legítimo vender las armas que usaron para combatir y derrotar al dictador para ganar dinero.

Los tuáreg. Según la empresa estadounidense Stratfor, especialista en asesoría en temas de seguridad, no son sólo las armas de Libia las que están acabando en el conflicto de Mali, sino también los entre 2.000 y 4.000 tuáreg, que estuvieron al servicio del ejército de Kaddafi por dinero.

Al mando de Mohamed Ag Nayem, un ex coronel del ejército Libio, regresaron en 2011 a Mali, donde fundaron el Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA), que durante un tiempo estuvo combatiendo junto a los extremistas islámicos del grupo Ansar Dine (Defensores de la fe), antes de que surgieran rivalidades entre ambas facciones armadas.

La toma de rehenes en Argelia por parte de terroristas que mostraron solidaridad con los islamistas en Mali, ha sido criticada en muchos países musulmanes.

Los gobiernos de estos países, así como varios líderes religiosos, han criticado también la intervención militar de los franceses en Mali. Entre los países que exigen una solución política al conflicto figura Egipto, que a diferencia de Libia está ahora gobernado por islamistas.

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